Videos venenosos

Lo que vivimos en el transcurso de la semana pone de manifiesto más de lo que aparece a simple vista. Se trata de la descomposición extendida que vivimos en Guerrero y una parte de ello se manifiesta en el envilecimiento del ejercicio del periodismo y la comunicación institucional.

El video que circuló cuestionando la honestidad un afamado periodista mandó varios mensajes ocultos. El cuestionamiento al periodista fue el medio para soltar dardos venenosos a los cuales hay que seguir con atención por las implicaciones que entraña.

En principio, atendiendo al contenido del video, es una parte de Morena volcada contra otra y el centro de la disputa es la candidatura al gobierno del estado.

El video fue colgado en un perfil de Facebook a nombre de Morena en Guerrero. El contenido del video afirma que el periodista cuestionado opera en beneficio del líder estatal de Morena Pablo Amilcar y en perjuicio de las aspiraciones de la presidente municipal, Adela Román. De ser así, la división en el seno de Morena es muy profunda.

Si volvemos al contenido del videomensaje, se  evidencia que existe intolerancia hacia la crítica al ejercicio de gobierno y eso es inaceptable en fuerzas políticas que se jactan de ser democráticas. Es incongruente con el espíritu de la Cuarta Transformación.

Dado el caso de que el periodista señalado hubiera incurrido en actos de corrupción durante su periodo como funcionario o utiliza la información como mecanismo de chantaje procede la denuncia penal, pero el simple linchamiento mediático, termina siendo una  forma de encubrimiento. Los actos de corrupción deben ser denunciados y sancionados penalmente, no solamente exhibidos.

Se desató un aluvión de mensajes de quienes, lejos de aportar pruebas, incrementaron el resentimiento y el odio. Esos se ostentan como poseedores de la verdad absoluta, pero no la pueden demostrar. Son muchos los datos falsos que se han hecho circular. No generan debate, más bien da la impresión de que están justificando su gratificación.

Lo resulta preocupante es que todo periodista que convierta en materia de opinión publica la obra de gobierno, cualquiera que este sea, está sujeto a recibir el mismo trato. La propaganda desplaza a la información y el odio a la razón. La mentira, la acción dolosa, se vuelve el principal recurso del mensaje. Incluso el karma mandatado por la Santa Muerte es utilizado como argumento, lo cual nos podría conducir a escenarios de violencia indeseables, en los cuales el fanatismo puede encubrir la agresión salvaje.

México necesita una reforma intelectual y moral y eso concierne al periodismo, la comunicación institucional y la Cuarta Transformación.

La guerra sucia, en todo momento, representa la peor aberración en una confrontación que debiese ser de ideas, de propuestas, de posturas,  de concepciones diversas que se someten al escrutinio de los ciudadanos, para que estos elijan aquello que va más acorde con las convicciones propias.

Hoy se destinan presupuestos cuantiosos para incluir en la comunicación institucional a especialistas en guerra sucia. Es consecuencia de u  ejercicio político que tiene mucho que esconder y poco que comunicar.

En toda guerra, dominan las razones del odio, diría la abuela.