Ustedes disculpen

Es difícil sustraerse  a la polémica desatada por la carta que AMLO envió al rey Felipe VI de España, para pedirle reconocer y ofrecer disculpas por los ”delitos y vejaciones que se cometieron contra los pueblos nativos” durante la conquista de México.

Una polémica similar se desató en  2017 cuando José Antonio Sánchez, presidente de la radio y televisión públicas de España (RTVE), comparó a los aztecas con los nazis y aseguró que España civilizó y evangelizó  a los indígenas bávaros de estas tierras. Entonces los intelectuales españoles lo hicieron desdecirse. En esta ocasión, la lógica política los alineó en defensa del rey.

Dejemos a un lado las diatribas que descalifican o alaban todo que López Obrador haga. La Conquista de América tendría que analizarse con dos ópticas: la de un proceso económico e histórico y las implicaciones políticas.

La conquista de América se explica porque en esos años, la doctrina económica imperante fue el mercantilismo, según la cual, la verdadera riqueza de una nación residía en acumular el máximo posible de sustancias y metales preciosos, fundamentalmente oro y plata (riqueza basada en los bienes que daba la tierra), América se convirtió en la gran proveedora de estas riquezas.

La explotación de plata por parte de los españoles en el Bajío mexicano abarca parte de los ahora estados de Aguascalientes, Guanajuato, Jalisco y Querétaro, hizo que la monarquía peninsular pudiera satisfacer la demanda de dicho metal, particularmente, en China (y Europa: principalmente a Inglaterra, Italia, Holanda; un poco a India), lo que provocó la formación de una sociedad comercial que se convertiría en uno de los dominios capitalistas de la región y del mundo. Fue el capitalismo prematuro.

La lucha por la independencia tiene como referencia que entre 1810 y1811 los insurgentes del Bajío redujeron el peso de plata, debilitando así la economía de la Nueva España, que se convertiría en México, debilitando a China e India y favoreciendo a Estados Unidos e Inglaterra, nada menos que con la Revolución industrial. Plata, azúcar y esclavos fomentaron el ascenso del “primer mundo”.

Todo ello ocurrió a partir del uso sistemático del terror y la violencia. Las tribus originarias poseían un conjunto de expresiones culturales que si bien hoy pueden ser considerados igualmente “violentos”, tenían un significado que debe ser entendido en un “contexto histórico y antropológico”.

No hubo ni civilización ni evangelización sino que se impuso, mediante el uso desmedido de la fuerza, otra cultura y otra religión.

La política del terror, fue clave, y estuvo estratégicamente pensada y premeditada en la conquista de las indias, fue una política de estado, para conseguir someter a una gran población india que de otra manera hubiera resultado mucho más costosa.

La óptica política no ha recibido mucha atención en esta diatriba. Lo que puede plantear es lo siguiente:

España es el segundo inversor y socio comercial de México. Al tercer trimestre del 2018, la Inversión Extranjera Directa (IED) del país ibérico  en el territorio nacional ascendió a 2 mil 855 millones de dólares, cifra que representa una reducción de 4.1 por ciento con respecto al año anterior.

Es sin duda un mercado natural para los inversionistas españoles, tanto por nuestra afinidad cultural, como por la manera de hacer negocios.

Pero el proceso electoral puso en pausa los flujos de capital nacional hacia España y viceversa. El motivo: la incertidumbre que se proyectó en las campañas sobre las políticas de Andrés Manuel López Obrador.

En los últimos años algunas empresas españolas han sido vinculadas con casos de corrupción o daños en el medio ambiente.  Se trata de firmas como las energéticas Renovalia y Siemens Gamesa, sobre las cuales pesan señalamientos por violar la consulta libre, previa e informada de comunidades o el manifiesto de impacto ambiental para instalar parques eólicos, además de  Iberdrola, Renovalia, Elecnor, Abengoa o OHL México han operado en territorio nacional bajo la sombra de señalamientos por sobornos además de vínculos con políticos muy recalcitrantes de México.

López Obrador ha reiterado que su gobierno no permitirá licitaciones irregulares de obras públicas, ni actos de corrupción y se enfatizó a Pedro Sánchez, presidente del gobierno de España, durante su visita al país el 30 de enero pasado.

“Queremos que en las relaciones de las empresas extranjeras en México haya un comportamiento ético. “No queremos que las empresas extranjeras actúen violando las leyes o propiciando, aceptando o participando en actos de corrupción, de soborno”. Lo cual puede considerarse

La conquista no puede explicar bajo una visión reducción de que fue protagonizada por seres demoniacos o de bondad cuasi divina. Lamentablemente, intelectuales y políticos dentro y fuera se ubicaron en esta polaridad.

Hay que perdonar y olvidar, pero no aplaudir el error, diría la abuela.