Informes y esperanzas

Un informe de gobierno constituye una rendición de cuentas del mandatario, del jefe del Ejecutivo ante quienes se considera, al menos por procedimiento legal, los representantes de la Nación.

Pero esos informes no solo se construyen de retórica, también sirven de símbolos de poder ante los gobernados.

En México solo hemos conocido la parte del simbolismo de estos actos y no la de ser ejercicios de rendición de cuentas de un poder ante otro.

Del ritual unipersonal de los años del presidencialismo, se pasó al accidentado informe del primer presidente de alternancia, Vicente Fox quien, en su último año de gobierno, no pudo pasar a la Máxima Tribuna a darle lectura.

De ahí lo que hemos tenido son presidentes ausentes en la sede legislativa para rendir sus informes.

Al muy probable escenario de confrontación por parte de los representantes populares hacia el presidente, se optó por convertir al Secretario de Gobernación en emisario para entregar por escrito el informe de gobierno, en un contexto de aceptable civilidad.

Transitamos de la sacralización de la figura presidencial a la ausencia del Ejecutivo en el recinto legislativo, a la hora de concluir esta entrega,  estábamos en la antesala del primer informe de gobierno de López Obrador.

Una visión estructurada del gobierno de la Cuarta transformación nos indica que los ejes rectores del ejercicio del poder por Andrés Manuel López Obrados son Combate a la corrupción, austeridad republicana, recuperación de la soberanía energética y una visión de la seguridad publica sintetizada en la frase abrazos no balazos.

Los acontecimientos previos al informa de gobierno, son referentes al ámbito de la seguridad pública.

Los violentos hechos ocurridos en Veracruz constituyen el preámbulo hacia el primer informe de un gobierno que ha prometido cambiar al régimen. Pero también figuran la dramática estadística de la incidencia delictiva, particularmente los homicidios dolosos, los casos de feminicidio disparados también, la mujer como blanco de acciones delincuenciales, vale decir acoso, violaciones, extorsiones.

Igualmente la violenta disputa territorial, de zonas de trasiego y rutas de trafico además de mercados entre los carteles del crimen organizado, el resurgimiento de los grupos civiles en armas sean autodefensas o policías comunitarias, y otros tantos hechos que inciden en la precariedad de la seguridad pública.

Todos los ejes del gobierno de la 4T van concatenados, hay vasos comunicantes y factores comunes que explican el deterioro.

Por ahora solo hablaremos del tema de seguridad pública no solo porque es lo inmediato sino por los signos que inquietan.

La austeridad republica acotó el presupuesto de seguridad pública, el combate a la corrupción implicó decisiones que desataron reacciones y llegaron a paralizar los proyectos gubernamentales,  pero el punto crítico se ubica en la visión para hacer el planteamiento de este tipo de políticas públicas: se confunde el ejercicio de la autoridad con el autoritarismo, el uso de la fuerza con la represión y los golpes de caja al crimen organizado o no llegan o resultan muy modestos.

López Obrador ha dicho que declarara la guerra militar al crimen organizado, por lo tanto no lo reconoce como enemigos, pero las acciones de estos carteles indican que sí reconocen al Estado mexicano como enemigo y que cuentan con los pertrechos suficientes para hacer la guerra. Y mientras uno de los beligerantes se encuentra en condiciones de hacer la guerra, de usar la fuerza para imponer sus condiciones, lo va a hacer

Ninguna guerra se resuelve con retórica discursiva o con apelaciones místicas. Las guerras se resuelven mediante estrategias que anulen la capacidad de combate del enemigo.

La conclusión obligada es que se vive de espalda a una realidad que al no ser atendida continua erosionando a la vida nacional.

Estamos inmersos en un escenario también salpicado de excesiva información, decisiones presidenciales tajantes, compromisos que se materializan sin que todavía sean claros sus impactos y una realidad que no cesa de demostrar la dimensión de los problemas del país.

El primer informe de López Obrador debe servir, además de sembrar esperanzas y convencer de lo significativo de ciertos logros, para hacer los ajustes y precisiones sobre las políticas públicas, garantizando viabilidad ese será el terreno más fértil para sembrar esperanzas y despejar la incertidumbre.

Uno niega aquello que le duele, pero con esa ingenuidad no encuentran soluciones ni se forja la esperanza en el futuro, diría la abuela.