Riesgos sin resolver

Los hechos relacionados con temas de seguridad ocurridos en las últimas semanas, constituyen una mala señal para el crecimiento de la economía nacional. Son malas noticias que van a reforzar la situación actual de bajo crecimiento.

De acuerdo con el consenso de especialistas del Banco de México (Banxico), 19 por ciento de los expertos consideró a la inseguridad como un factor que afecta la actividad económica.

Además existe un contexto económico internacional muy complejo. La debilidad de la inversión y a las tensiones económicas del exterior, como la guerra comercial entre Estados Unidos y China y la negociación del Brexit.

Las tensiones comerciales han sido uno de los elementos que han dado lugar a un obstáculo hacia la inversión a nivel global, especialmente en los sectores manufactureros.

Todo lo anterior define un panorama sombrío. No todo es cuestión interna aunque las decisiones internas, sí constituyen factores que contribuyen a los pobres resultados.

La economía de un país es un sistema complejo. Tiene muchas partes que interactúan y lo que pasa en un área tiene una consecuencia en otras. Con esta lógica se puede decir que lo que sucede en el área de seguridad tiene consecuencias en la actividad económica. No son eventos aislados.

En estos momentos se atribuye a la nueva administración federal, ser el único causante del deterioro de la seguridad pública. Sin duda hay decisiones tomadas que no corresponden a una solución adecuada con la gravedad del problema, pero el empoderamiento de la delincuencia es una consecuencia de varias deficiencias en esta área.

Durante los últimos 12 años  tuvimos un periodo de crecimiento económico continuo. El argumento del gobierno era que el problema de la inseguridad no estaba afectando el crecimiento. Era una manera muy conveniente de matizar su mala gestión en un área.

La forma correcta de pensar el problema era tratando de entender cuánto más estaría creciendo la economía de México con un entorno de seguridad adecuado. Es una realidad que la cuantificación resulta muy difícil, pero sí se puede argumentar que es una de las causas por las que el crecimiento de México ha sido sólo ligeramente superior al 2 por ciento y no ha estado en niveles mayores a los 3 puntos porcentuales y lejos de los anhelados 5 puntos.

En el caso de Guerrero, se viene operando con una lógica parecida. Se pondera la reducción de las cifras pero se olvida que los delitos se siguen cometiendo y que además el tránsito por las carreteras de la entidad puede interrumpirlo cualquier grupo y en muy contadas ocasiones se procede al desalojo.

El mensaje que se manda es que maestros, normalistas y grupos civiles armados puede loquear las carreteras federales con impunidad pero no así otros grupos.

Es decir tenemos un gobierno que no defiende la actividad económica sobre la actuación de algunos grupos de interés.

Si a nivel nacional tenemos la perspectiva de una reducción en el crecimiento económico a nivel local el panorama se agrava porque la entidad no se ha recuperado de la debacle que se vivió por la violencia manifestada durante las movilizaciones en rechazo a la Reforma educativa del 2013, los hechos de Ayotzinapa y el empoderamiento de la delincuencia.

A ello hay que agregarle la entidad está marginada de las inversiones estratégicas del actual gobierno.

Algunos alcaldes festinan el que en la cámara de Diputados se haya n ampliado los recursos destinados para los diferentes ramos, pero el margen de reorientación del presupuesto de egresos era de apenas 11 mil millones por lo que aún  no hay certeza de la viabilidad de los montos reasignados.

El engaño permanece hasta que la realidad se impone diría la abuela.