Letra chiquita, consecuencias grandotas

El gobierno de la 4T ofreció un cambio de sistema y no sólo de gobierno. Las implicaciones en el ámbito laboral que tendría el T-MEC, serían un golpe decisivo para la demolición del viejo régimen. Estaría rompiendo el viejo corporativismo Estado-sindicatos y terminaría por enterrar al modelo de control-cooptación de los trabajadores instrumentado por décadas a través de la Confederación de Trabajadores de México.

El texto del nuevo tratado comercial obligará a AMLO a romper con la dependencia de trabajadores y sindicatos como parte de la estructura del sistema-régimen-Estado la cual constituyó uno de los pilares fundamentales de sostén en el periodo priísta que funcionó hasta 2018 y ya no funcionará el esquema de beneficios a sindicatos a cambio de su alineación al tricolor y la orientación de su voto.

El tema de libertad de asociación y el reconocimiento efectivo del derecho a la negociación colectiva, el Anexo 23 A del T-MEC establece obligaciones específicas para México.

Los gobiernos de los países signatarios del acuerdo esperaron a que México efectuara las modificaciones necesarias a su legislación, y es una de las explicaciones por las cuales el tratado comercial retrasó su entrada en vigor.

Sin aprobación de un paquete que ceñido al Anexo 23 del T-MEC, y en particular al artículo 6, no habría habido ratificación posible.

El Artículo 23.3 de derechos laborales rescata la libertad de asociación y el reconocimiento efectivo a la negociación colectiva, sin el control del Estado-gobierno.

Este reconocimiento tendrá que llevar a nuevas elecciones sindicales y sobre todo obligará a replantear las organizaciones de sindicatos tipo CTM.

Se trata de cambios trascendentales en el sindicalismo mexicano, en el movimiento obrero mexicano, que nadie puede ver sino como ampliamente positivos y tardíos.

El 4 de abril, que AMLO aceptó que debía aprobarse una reforma laboral “apegada a los acuerdos que se establecieron en el tratado”. Los operadores de Morena se pusieron a trabajar, dejaron para después la reforma educativa y revocación de mandato, y comenzaron a acelerar los trámites –eso son– de aprobación.

Es el esquema de cooptación y control laboral a través de los sindicatos y las centrales obreras solo era útil en términos económico para las empresas y para el partido gobernante en términos político electorales y para presionar a los empresarios.

La letra chiquita del T-MEC tiene dos lecturas: el sistema sindicalista en México sólo funciona para control salarial y lo cual le permite mantener una ventaja comparativa y competitiva con otros países lo cual fue privilegiado por el TLC y de ahí que Donald Trump sostenga que México les tomó el pelo.

La segunda lectura es que, dentro del PRI, los trabajadores obedecían a los hilos de poder del presidente de la república como el poder absoluto del régimen.

Constituyó la clave estabilizadora del sistema político priísta creado por el presidente Lázaro Cárdenas del Río al construir a la clase obrera como sector corporativo del Partido de la Revolución Mexicana y luego del PRI.

Con respecto a la primera lectura, debe agregarse el par de cartas anexas al TLCAN, una de ellas fue sobre cuestiones laborales. El TLC siempre careció de mecanismos de verificación y cumplimiento. Por eso Nanci Pelosi, la líder demócrata que votó a favor del tratado comercial en 1993, en esta ocasión ha sostenido posturas muy claras. Para que se apruebe el T-MEC, hay tres condiciones: cumplimiento, cumplimiento y cumplimiento.

En la segunda lectura debe considerarse que la pérdida del control sindical por parte del gobierno morenista sería un flanco de debilidad de instrumentos de poder.

El priismo fortaleció al sindicalismo, pero no para luchar por la emancipación de los trabajadores sino para usarlos como petate del muerto contra las insubordinaciones empresariales.

En la actualidad, la CTM no existe como sector de clase ni como sector corporativo del PRI, ni el PAN ni Morena lo han revindicado para sus organizaciones pues, en términos pragmáticos, la militancia sindical no sirve ni para acarrear votos.

El proletariado, como un colectivo capaz de modificar las relaciones sociales y marcar un devenir distinto en la relación capital-trabajo, se ha venido disminuyendo.

Los empresarios han diluido su temor al proletariado organizado en sindicatos y, lo peor de todo, es que los trabajadores han carecido de conciencia de clase y no tienen, como en el pasado cetemista, escuelas de capacitación proletaria para asumir su papel en la producción como instrumento de lucha contra los empresarios y el Estado.

la lucha de clases como motor de la producción y el bienestar y el Estado logró encapsular y anular la lucha de clases con salarios bajos para privilegiar precios competitivos de manera artificial y para controlar el bienestar de los trabajadores con salarios “no-monetarios”: prestaciones, canastas, servicios públicos, educación-salud-alimentación-empleo subsidiado por el Estado. En este sentido, los trabajadores no luchaban por el salario con los patrones, sino por prestaciones con el gobierno.

Con el T-MEC, Trump y los demócratas, se lograron meter en el corazón del régimen priísta-panista-perredista-morenista y le quitaron al Estado el control sindical.

Las más bellas apariencias pueden encubrir las más horrorosas realidades, diría la abuela.

Amigos y lectores tengan felices fiestas y un próspero 2020. Volveremos a andar por los Caminos del Sur en enero.