Sobre el perfil de los candidatos

(Segunda y última)

“Te pasas broder”, comentó un lector de Canal Privado, a propósito de lo escrito la semana pasada. “Eso de comparar el perfil promedio de nuestros políticos con el de los peruanos estuvo gacho”, reprochó. “¿Tan jodidos estamos? ¡No manches!”, concluyó vía Face.

Entiendo el ardor, pero por eso pregunté retórico, con todo respeto para él y los hermanos de ese país, ¿a poco no parecen harto perfiles promedio de los nuestros? La verdad duele, lo sé, pero es la verdad.

Debo reconocer además que la analogía no fue inocente, al contrario, maliciosa y provocadora. Porque sé muy bien que a hartos paisanos incomoda ser comparado con la señorita Laura, nativa de ese país, aunque Televisa nos la haya endilgado en su estrellado canal, y con un puñado de semejantes cargados de prejuicios racistas y clasistas, tan políticamente incorrectos como subjetivos, particularmente en asuntos políticos.

Por dar ejemplos claros que nos dejan muy mal parados: cuatro ex presidentes peruanos Pedro Pablo Kuczynski, Alejandro Toledo, Alan García y Ollanta Humala, han estado bajo investigación de la fiscalía de ese país, uno está preso, y otro muerto (Alan García), se suicidió tras ser detenido por la policía, todos por el caso Odebrecht.

Algo que no podemos presumir en la democracia mexicana, gracias a los manoseos impunes de nuestros políticos, que fueron electos gracias a la apatía y pasividad de los votantes, negligencia reaiterada. Y es que nos hemos equivocado una y mil veces antes al elegir candidatos, y lo seguiremos haciendo, si no aprendemos a distinguir los buenos de los peores. A pesar de que el perfil promedio de los políticos mexicanos es la no-política.

Aquí, el principal y más evidente fracaso de ese promedio, un perjuicio que nos define como un sistema político disfuncional, de gobierno y sociedad civil. Que no avanza, nada negocia, no resuelve, ni acuerda nada, o casi nada.

Atorado y hundido en el conflicto de intereses y el enfrentamiento permanente… en la no-política.

¿Quiénes parecen capaces de llenar los requisitos mínimos de semejante perfil? Más que nunca, necesitamos aprender a buscar y encontrar a quienes superen el promedio básico, que sean distintos al perfil que hemos elegido y han fallado.

Para este año, sólo será posible decidir entre los candidatos que los partidos ya decidieron. Los que vemos, son los que hay. Por eso, por más que unos y otros digan lo contrario, el resultado de esta elección parece seguir el camino de siempre, es tarde ya para modificar un hábito aprendido durante tanto tiempo.

Peor todavía para Guerrero, donde el árbitro electoral aún no determina si Félix Salgado será candidato del partido que probablemente ganará la gubernatura.

Entonces, cuando menos debiéramos tener (y dejar) muy claro las virtudes que debe tener un buen candidato, y recordárselas a quienes resulten ganadores, porque se requieren para redimir la política de a deveras.

Carácter y carisma

Para saber tomar las decisiones correctas ante una situación compleja y la manera cómo uno lo proyecta es primordial para la opinión pública. Y porque el liderazgo no tiene que ver con una personalidad encantadora y llamativa, una gran sonrisa o una voz de terciopelo. Lo que sí se necesita es carácter y credibilidad.

Visión

Capacidad de poder ver más allá de sí mismo. Un buen político tiene que mostrar en todo momento qué es lo que quiere y hacia dónde se dirige con sus ideas. Saber lo que hace y estar seguro de ello.

Experiencia

Esta aptitud es una de las más valoradas entre la ciudadanía. El hecho de tener experiencia otorga credibilidad. En este caso, es importante saber transmitir que los años de trabajo en cualquier materia te dan aplomo y soltura.

Si bien es cierto que actualmente la veteranía empieza a ser un problema para según que políticos, la experiencia siempre es un grado. Así pues, habría que saber jugar con el aspecto personal de cada uno de ellos. En el caso de ser joven, demostrar que partes de cero pero con las herramientas necesarias para poder dirigir. Mientras que en el caso de más mayor, enseñar el lado más positivo de los años trabajados y tu honestidad en todo momento.

Honestidad e integridad

Son los otros dos aspectos clave sumados a la experiencia. Hoy en día si alguien quiere ser político es obligatorio tener la condición de honesto e íntegro. Con esta premisa, lo más importante es mostrar que se tienen las manos limpias y que se está por encima del grillo.

Contacto con la ciudadanía

Hablar y mantener contacto con los ciudadanos tendría que ser la piedra angular de cualquiera que aspire representarnos. Esto humaniza a las personas y le hace ser considerado uno más entre sus electores.

Y particularmente en esta agitada y polarizada realidad nuestra, nos urge elegir candidatos que tengan capacidad, voluntad, decisión y valentía para dialogar, y conciliar.

Porque la política surge como una necesidad de los individuos de organizarse en miras a tomar decisiones, cumplir objetivos, llegar a acuerdos y facilitar la vida en sociedad resolviendo conflictos de manera democrática.

Pero los políticos promedio, de Perú y México, los del poder y los opositores, parecen decididos a lo contrario, polarizar. De un lado, los buenos, la verdad y la razón; del otro, los malos, la mentira y la sinrazón; ambos arguyen que así conviene al futuro del país, ambos enfrascados en un falso debate, un diálogo de sordos que poco o nada construye. La no-política.

Cultivando estas disposiciones el político no obtendrá necesariamente éxitos, pero sí al menos el reconocimiento de que sus logros han sido fruto de proyectos valiosos y acciones bien hechas.

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