
Hoja verde
Licencia, eufemismo de revocación
En octubre del año pasado, cuando un grupo de chilpancingueños entregó al Congreso local la solicitud de revocación de mandato del entonces alcalde de Chilpancingo, Marco Antonio Leyva Mena, recordé en esta columna la advertencia del periodista español Alex Grijelmo, de que la manipulación más frecuente del lenguaje se da en la política.
“Son los partidos políticos los que manejan los hilos del poder y no los ciudadanos a través de la voluntad expresada”, dice Grijelmo en su libro ‘Palabras de doble filo’.
Por eso, comenté en esa entrega que ‘solicitar’ la revocación de mandato “nos colocó en una situación psicológica de inferioridad, nos puso de rodillas ante los diputados, y nos dejó a la espera de una decisión de verbo envenenado: nos informarían si habían ‘aprobado’ la revocación”. Con la lógica llana de ciudadanos de una democracia, al Congreso habíamos ido a ‘demandar’, no a ‘solicitar’.
El 16 de octubre, cuando el alcalde solicitó licencia para separase del cargo por tiempo indefinido, la respuesta de los diputados ya no fue necesaria.
Obviamente, nadie creyó en los “motivos personales” que adujo para la licencia. “No aguantó la presión social”, especularon unos; “órdenes del gobernador”, lucubraron otros. Pero unos y otros concluyeron lo mismo: “no regresa al Ayuntamiento”.
Hasta ahí, nada fuera de las leyes no escritas de la política mexicana. La única novedad, el primer alcalde de Chilpancingo separado del cargo. ‘Licencia’, habitual eufemismo de ‘despido’.
Sin embargo, dos meses después, Marco Antonio Leyva volteó el chirrión de la semántica por el palito. De manera sorpresiva, este lunes informó al Congreso local su reincorporación al cargo.
Tras un desayuno con líderes de colonias, el alcalde con licencia llevó al extremo su desafío: caminó al Ayuntamiento, se metió en la oficina del alcalde sustituto, Jesús Tejeda, y se sentó en su silla. Al llegar, exclamó ante reporteros: “yo soy el presidente” y aseguró que lo asiste el derecho y lo ampara la Constitución al haber sido electo por el pueblo.
Previamente, Leyva Mena leyó un comunicado donde se lanzó contra el gobernador Héctor Astudillo, condenó la impunidad criminal, la corrupción oficial, la narcopolítica, reprochó el relajamiento institucional del estado federado, la federación y el municipio libre, exigió la transparencia total, y… ¿paradoja, ironía?… defendió “el inalienable derecho de exigir la renuncia o destituir funcionarios”.
En menos de 15 minutos, articuló más de lo que articuló en tres años municipales, se le vio y escuchó resuelto, firme, claro, decidido, intenso, enérgico, ganoso, echado pa’lante, tan o más de lo que necesitábamos y queríamos que fuera el alcalde que nunca pudo o quiso ser.
La imagen en alto contraste de MAL, apodo inevitable de Marco Antonio Leyva, el alcalde indolente, altanero, tibio, temeroso, elusivo, orador frio, de poca sustancia, incapaz y negligente, que la mayoría popular percibía. Tan sensible a la crítica, y reacio a la autocrítica, arquetipo de político nadando de muertito, que nunca se equivoca, y que cuando se equivoca nunca lo reconoce, que culpa a todos de todo, y que se dice libre de toda culpa.
El que ahora demuestra pericia para manipular el lenguaje, y que son los políticos los que manejan los hilos del poder, y no los ciudadanos.
Y es que cuando Marco Leyva afirma que “lo asiste el derecho y lo ampara la Constitución”, simula no entender que ‘licencia’ es un eufemismo para no decir ‘despido’, ‘cese’.
Pero siendo justos, no es el único, casi todos simulan que no entienden. ¿Por qué asusta tanto a los políticos la revocación de mandato? Porque estarían obligados a cumplir sus promesas de campaña. Mientras que la reelección es un estímulo para permanecer en el cargo, la revocación es un acicate para trabajar bien.
Para Marco Leyva no lo fue, porque no entiende, no quiere, o simula no entender que, en la política, ‘licencia’ es un eufemismo que significa ‘mandato revocado’.
Ojalá que los gobernantes y legisladores que serán electos este año deroguen eufemismos antidemocráticos, que pierdan el miedo de someterse al juicio de sus representados, y se muestren dispuestos a empoderar las decisiones ciudadanas.