Hoja verde
Presidenta Claudia Sheinbaum:
Te escribo porque está en ti detener una terrible injusticia, de esas que no tolerábamos cuando éramos activistas del Consejo Estudiantil Universitario. Nos indignaba la existencia de presos políticos, lo denunciábamos y exigíamos su libertad; era un grito obligado en las manifestaciones. Hoy muchos gritamos que liberes a Ernesto Ruffo.
La vida es caprichosa y sus caminos intrincados. Ahora tú estás al frente del país como titular del Poder Ejecutivo y yo fui incluido en la lista negra que presentó Luisa Alcalde, consejera jurídica de la presidencia y otrora compañera de legislatura. Pero, a pesar de la perniciosa polarización y nuestras claras diferencias, me atrevo a apelar a aquellas viejas convicciones que en ese tiempo compartimos porque un inocente está padeciendo la saña del Estado.
Como bien sabes, la liberación de los presos políticos estaba en el pliego petitorio del Consejo Nacional de Huelga de 1968 y un gobierno arrogante y autoritario los reprimió salvajemente, encarcelando a sus líderes y a algunos académicos solidarios. Ese movimiento que marcó al país era el espejo en el que nos queríamos reconocer y, por lo mismo, me desconcierta e indigna la fabricación de delitos a Ruffo, que conculquen su presunción de inocencia y que lo confinen a una prisión de alta seguridad. En esto último resultaron peor que Díaz Ordaz.
A la cárcel de Lecumberri se le conocía como El Palacio Negro, pero las condiciones eran mucho más amables para los reclusos y sus familias que los visitaban que las que hoy existen en el Altiplano. Ernesto Ruffo no está condenado, carece de antecedentes penales y siempre ha sido ajeno a la violencia, es un abuso injustificable que lo traten como si fuera un peligroso criminal.
Además, Ernesto tiene 74 años y problemas de salud. José Revueltas tenía 54 años cuando lo apresaron, Elí de Gortari 50 y Heberto Castillo estaba por cumplir 41. Por cierto, Laura Itzel Castillo acaba de publicar una foto visitando en Lecumberri a su papá, siendo niña en compañía de sus hermanos.
Ahí Elena Poniatowska pudo entrevistar a los líderes del 68 para su libro La noche de Tlatelolco y recibir el manuscrito de Luis González de Alba, Los días y los años, el mejor texto del movimiento estudiantil. Ruffo, en cambio, está prácticamente incomunicado, con 20 horas al día de soledad absoluta. Visitarlo es un viacrucis vivencial y burocrático hasta para sus abogados e incluso le han impedido entregar cartas personales a sus visitas.
Después de tantos años, lo menos que nos debemos es franqueza. Ernesto Ruffo está en prisión porque, al igual que en 1968, el sistema de justicia es controlado desde el poder político. Ernestina Godoy es fundadora de Morena y desde que era fiscal de la CDMX fabrica culpables y espía a la oposición, tal y como quedó acreditado con el caso de Alejandra Cuevas y el conocido reportaje del New York Times. En lugar de rendir cuentas por esos y otros asuntos facciosos, la ascendieron.
Para colmo, acabaron con la división de poderes. En desangelada elección fraudulenta de acarreados con acordeones, impusieron juzgadores de consigna. Por eso, después de que un juez de carrera rechazara emitir las órdenes de aprehensión por falta de pruebas, encontraron a una juez de acordeón que las concedió y aprovecharon para incluir a Ernesto Ruffo, quien no venía en la lista original, lo cual no obstó para que lo presentaran como el “líder de la mayor red de huachicol fiscal del país”.
La acusación es demencial. Ernesto Ruffo no controla las aduanas ni a las Fuerzas Armadas, tampoco cuenta con los medios ni las conexiones para que millones de litros de petróleo se transporten a Texas, los regresen refinados sin pagar impuestos y se vendan en gasolineras establecidas a los largo y ancho del territorio nacional con “papeles en regla”. Él solo es socio minoritario de una empresa que gestiona permisos de importación para otras empresas, de tal suerte que no compra, no transporta, no distribuye y no comercializa combustibles.
Les gustó de chivo expiatorio porque es un opositor emblemático y necesitan escurrirse de la responsabilidad. Culpan a los de enfrente para exculpar al hijo del expresidente López Obrador, aunque cualquiera que entienda en qué consiste el huachicol fiscal sabe que requiere de complicidades en lo alto del poder público.
Es un injustificable abuso de poder que mediática y digitalmente lo declaren culpable y, para colmo, cierren las audiencias para que la defensa no pueda desvirtuar las acusaciones en público, mientras la Fiscalía filtra partes sesgadas y hasta inexistentes del expediente.
Disculpa que me explaye, pero es mucha injusticia y Ernesto Ruffo no se lo merece. Él es un hombre de bien, sencillo, que vive modestamente, camina sin escolta por las calles y su familia se ha visto obligada a organizar colectas para pagar a los abogados. No podía ser más absurda la acusación de dirigir una red de huachicol fiscal.
Me pregunto si la inquina contra Ruffo no es para descalificar lo que él representa. Fue el primer gobernador de oposición y es referente obligado de la transición democrática. La credencial para votar con fotografía es su propuesta y creación, lo que, en buena hora, se aplicó a nivel nacional. Para ser sinceros, sin la lucha de él y otros muchos demócratas, ustedes no estarían en el gobierno.
En fin, no te quito más tu tiempo. Ojalá tomes partido por la justicia y remedies tanto atropello. Nosotros seguiremos insistiendo en la libertad del preso político Ernesto Ruffo con la misma pasión que le hacíamos cuando éramos estudiantes. Él no debiera estar un día más en el Altiplano, convertido en el Helicoide mexicano.
Espero te recuperes de la gripe.
Atentamente.
Fernando Belaunzarán.