
Teléfono Rojo
No es descuido, sino cálculo. Al día siguiente de enumerar errores técnicos de la Fiscalía de Jalisco en el resguardo del Rancho Izaguirre en Teuchitlán, el fiscal general, Alejandro Gertz Manero, cometió otros iguales y peores a la vista de todos. Antes de iniciar la investigación, actuó para perfilar la conclusión que desde el gobierno se empeñan en imponer: negar el exterminio, a pesar de la abundante evidencia y los escalofriantes testimonios.
No extraña, la carnalidad y la falta de escrúpulos de Gertz son conocidos, pero por lo mismo tiene límites. Puede ser obediente y funcional a la “razón de Estado” del régimen y rechazar que, durante el gobierno de López Obrador, se cometieron atrocidades inenarrables, lo que está lejos de su alcance es ser creíble. No solo porque es difícil desvirtuar lo que está sólidamente documentado, sino también por su falta de autonomía y el desprestigio por manipular la justicia, incluso para fines personales.
En lugar de revertir la desconfianza y el escepticisimo hacia la FGR con una investigación pulcra, rigurosa y profesional, privilegió fortalecer la narrativa del régimen, a sabiendas de que no podía prevalecer, confirmando la opinión generalizada sobre su subordinación política. La preocupación fundamental del gobierno es mediática y a eso se abocó.
Después de lavarse las manos, lo primero que hizo fue convocar a una conferencia de prensa para culpar a la Fiscalía de Jalisco por errores y omisiones cometidas en la cadena de cusotodia del rancho, aunque éste fue intervenido y asegurado por la Guardia Nacional y el Ejercito, abriendo la puerta a la desestimación de la evidencia hallada por las madres buscadoras. Lo segundo fue invitar a reporteros y youtubers oficialistas a una visita sin cuidar protocolos y sin preocuparse por preservar la escena del crimen, hasta se permitió literalmente enterrar evidencia, tapando los hoyos en los que se encontraron restos calcinados. Así no se esclarece la verdad, al contrario, se enreda y ensucia.
Al parecer, dadas las condiciones, con eso se daba por bien servido, dándole al oficialismo un versión de donde agarrarse, así sea endeble y cuestionada. No importa lo que los demás digan y las pruebas que presenten, siempre habrá otros datos para sostener la posición oficial y que cada quien crea lo que quiera. Pero muy pronto se dieron cuenta que el caso era demasiado grande, grave y profundo como para salir bien librados con solo contaminar la discusión y quedarse con su opinión, maxime cuando exhibieron falta de profesionalismo, agraviaron a las víctimas y generaron sospechas fundadas de encubrimiento.
El tiro les salió por la culata. En lugar de minimizar las cosas con la campaña orquestada con medios y voceros oficialistas, gran parte de la opinión pública y de la prensa internacional cuestionaron el númerito armado por la FGR e insistieron en los campos de exterminio, en plural porque Teuchitlán es uno más entre decenas que se han hallado y sirvió para visibilizar la tragedia humana de 124 mil desaparecidos, la mitad de ellos ocurridos en los 6 años y tres meses de obradorato, lapso en el que se han encontrado tres mil fosas clandestinas. Para colmo, diversos testimonios de sobrevivientes denunciaron que alcaldes de Morena en Guerrero, entre ellas la actual de Acapulco, en su pasado periodo, y la anterior de Chipancingo, contribuyeron al reclutamiento de jornaleros que pensaban trabajar en Estados Unidos y, en realidad, fueron llevados a dicho rancho para su adiestramiento forzoso.
Frente a tal desastre comunicacional, el gobierno de Claudia Sheinbaum se abocó al control de daños, llevando a Omar García Harfuch a la mañanera. Ahora la discusión es semántica. Reconoce el secretario que secuestraron a jóvenes que buscaban trabajo y que torturaban y asesinaban a quienes se negaban o trataban de escapar. Por testimonios sabemos que uno de los castigos era obligarlos a pelear hasta la muerte para luego desmembrar y quemar a los caídos. Dicen que eso no es exterminio. ¿Cómo le llamamos?. ¿Y al modus operandi del crimen organizado de asesinar y deshacerse de los cuerpos como puedan? ¿Qué eufemismo usamos para que no se alteren en Palacio… y en Palenque?