Teléfono rojo
La historia política de México puede leerse también como la historia de una larga lucha contra los privilegios hereditarios del poder. Desde la Independencia hasta la Revolución Mexicana, pasando por las grandes reformas democráticas del siglo XX y los profundos cambios políticos del siglo XXI, el pueblo mexicano ha combatido una y otra vez la tentación de convertir los cargos públicos en patrimonio familiar o en instrumentos de reproducción de grupos políticos permanentes.
Por ello, la discusión que hoy comienza a desarrollarse en Guerrero en torno a la sucesión gubernamental de 2027 no puede reducirse a una disputa de nombres, encuestas o estructuras partidistas. Se trata, en realidad, de un debate de fondo sobre la naturaleza misma de la democracia y sobre el compromiso que las fuerzas transformadoras deben mantener con los principios que les dieron origen.
Morena nació como una alternativa frente a las viejas prácticas políticas que durante décadas caracterizaron al régimen mexicano. Su crecimiento y consolidación se explican, en buena medida, por la promesa de construir una nueva ética pública basada en la participación ciudadana, la honestidad y el rechazo a los privilegios de grupo. Esa promesa no puede ser relativizada cuando resulta incómoda para determinados intereses políticos.
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