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Foto: Especial

Cultura en Acapulco, una comedia de enredos

Marco Antonio Morales Tejeda
 
| 23 de febrero de 2017 | 7:59
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Dicen los que verdaderamente saben que la educación y la cultura es lo único que funciona para el desarrollo de los pueblos y que el conocimiento es la llave de la prosperidad. En Acapulco, y en Guerrero en general, décadas de vividores y simuladores al frente de las instancias culturales, cuyo único objetivo, salvo muy raras y escasas excepciones, ha sido saquear los recursos y las instituciones culturales, han dejado una huella palpable en el atraso, e inexistencia en la mayoría de los casos, de vinculación y fomento entre las instancias de cultura y un pueblo rico en talento, tradiciones y formas de expresión cultural y artísticas milenarias.

Hoy en el ayuntamiento de Acapulco, tristemente, presenciamos la ineficacia y el desorden, que rayan en una comedia de enredos de Juan Ruiz de Alarcón, entre un secretario de Desarrollo Social, que de cultura no conoce absolutamente nada, pero que es cabeza de sector, por lo que le agandalla el presupuesto y la programación de los eventos y apoyo a creadores, a un director de Cultura y al respectivo consejo municipal en la materia, que impide cualquier tipo de planeación y trabajo colegiado. Así, como floreros de escenografía, el director y el consejo de cultura observan y ven pasar ante sus ojos la espectacular danza de los millones de pesos del presupuesto, de ese que se integra con los impuestos que paga el pueblo, interpretada tal como si fuera por el propio Nuréyev y el Bolshói en sus mejores tiempos.

El botón de muestra más evidente ocurrió en la pasada edición de La Nao, el festival cultural por naturaleza del puerto, por si fuera poco el único, con todo y sus defectos de nacimiento, que fue convertido de manera vergonzosa en playa Tamarindos en una feria de pueblo para que el alcalde, a ritmo de banda norteña, ocupado hoy y siempre en la propaganda en búsqueda de la ansiada reelección, sediento de reflectores, presumiera a su esposa desde el templete playero que asaltaba una y otra vez ante la menor provocación para asegurar cuánto interés tiene su administración por la cultura y felicitar a Doña Chonita, que no faltó ni un solo día a los eventos, mientras que en el Fuerte de San Diego La Nao languidecía una semana completa, luego de la espectacular presentación en la apertura de la Ópera de Pekín en espera del cierre con Susana Harp. Nueve millones de pesos, nada más en eso.

Y eso si creemos que se ejerció dicha cifra, siete millones de dinero local y dos de la federación, como dijo el secretario de Desarrollo Social en la escueta exposición ante el cabildo de hace unos días, en donde lo único que cuadró fueron las inconsistencias y todo quedó tan claro como el agua de tamarindo.

¿Propuestas?, me dirán. Porque a los criticones me los como en un plato de lengua, algunas: Que se intensifique el apoyo a la Escuela de Iniciación Artística y a la Feria Internacional del Libro de Acapulco; que de una vez por todas se dé fin a las interminables remodelaciones del Domingo Soler y se construya ahí un verdadero recinto teatral de primer nivel; que se dejen de escatimar los recursos a festivales en ascenso como Rock al Mar y el Tianguis Cultural Emergente; y que se reactiven los talleres municipales de teatro, danza, literatura y pintura; pero por encima de ellas y a la voz de ya, que se otorgue autonomía y manejo de su presupuesto a la Dirección de Cultura, sacando las manotas del actual o futuros secretarios de Desarrollo Social o similares, así como de alcaldes neófitos en la materia.

En cuanto a La Nao, por supuesto que se programe como el festival cultural que los acapulqueños merecemos, sino por ahora a la altura del Cervantino, para lo que se necesita mucho trabajo y tradición, volteando los ojos a festivales de gran nivel como los que se realizan en Zacatecas, Sinaloa, Campeche y Chihuahua. Con los 13 millones que supuestamente se destinarán este año para La Nao se puede pensar, olvidándose de las noches “temáticas” en la playa, en convocar a algunos de los mejores exponentes nacionales e internacionales de la danza, la música, la literatura, el teatro y la pintura. Qué tal que se convoque a la Sinfónica de Los Ángeles, a Lila Downs a Café Tacuba o a Silvio Rodríguez. Al Ballet Kirov de San Petersburgo o para reforzar nuestra tradición e identidad al Ballet Folklórico de la UNAM. Al teatro laboratorio de Jerzy Grotowski de Polonia, la compañía teatral de la Complicité de Inglaterra o la Companhia Do Chapitó de Portugal. Para las charlas de literatura a José Agustín, a la canadiense Alice Munro, al brasileño Rubem Fonseca, al cubano Leonardo Padura o a los consagrados Mario Vargas Llosa y Milán Kundera. Y qué tal si nos presentan una exposición de Francisco Toledo, Yayoy Kuzama o Fernando Botero. Por supuesto a dos o tres de los mencionados, y hasta donde el dinero honradamente aplicado alcance, y para completar se programe al excelente talento local que tenemos con la Filarmónica de Acapulco (olvidándose de presentar el mosaico guerrerense ya suficientemente escuchado y programando tal vez la Novena Sinfonía de Beethoven), la compañía de teatro La Gruta, de Manuel Maciel y un maravilloso concurso de danzantes tlacololeros de Zumpango, Chichihualco y Chilpancingo.

Claro, si no se puede, o no quieren porque no lo pueden comprender, entonces tenemos otra propuesta muuuuy buena: vuelvan a hacer una Nao igual que la de 2016, traigan a la banda La Trakalosa de Monterrey, al Komander y a la AK 47 Cuerno de Chivo de Oro de Sinaloa, para que el secretario de Desarrollo Social esté bien contento y en ambiente, programen algunas peleas de gallos y el jaripeo y para la tranquilidad de los acapulqueños y comodidad de los narcos y aspirantes a narquillos, que aquí en Acapulco casi ni hay, la realizan en un terreno situado entre Las Ollitas y La Garrapata, un poquito más allá de Salsipuedes, donde se desenvuelvan a gusto y a sus anchas y quedamos todos contentos.