¿Desaparición de Morena?
Medios y poder en la nueva etapa de la transformación
La relación entre el poder político y los medios de comunicación en México atraviesa un momento de redefinición profunda. Venimos de un modelo de subordinación histórica, transitamos por una etapa de apertura y hoy nos encontramos en un escenario de disputa abierta por la narrativa pública. En ese contexto, quienes formamos parte del proyecto de la Cuarta Transformación tenemos la responsabilidad de ir más allá de la coyuntura y pensar en la consolidación institucional de esta relación.
El liderazgo de Claudia Sheinbaum abre una oportunidad para ello. No se trata de negar lo construido durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, cuyo mérito histórico fue romper con el viejo sistema de complicidades entre poder político y mediático. Pero toda transformación, si aspira a perdurar, debe evolucionar hacia formas más estables, más institucionales y más incluyentes.
Durante décadas, bajo el dominio del Partido Revolucionario Institucional, la relación con los medios se basó en el control indirecto: publicidad oficial, concesiones y disciplina informativa. Ese modelo se agotó, y era necesario desmontarlo. La etapa reciente optó por un giro distinto: confrontar abiertamente a sectores de los medios, exhibir sus excesos y construir canales de comunicación directa con la ciudadanía. Esa estrategia tuvo eficacia política, pero también generó efectos que hoy deben revisarse con responsabilidad.
La consolidación de un nuevo régimen democrático exige superar tanto la subordinación como la confrontación permanente. México necesita una relación entre poder y medios basada en reglas claras, no en afinidades o antagonismos coyunturales. Esto implica, en primer lugar, garantizar absoluta transparencia en la asignación de la publicidad oficial, eliminando cualquier discrecionalidad que pueda interpretarse como mecanismo de premio o castigo.
La columna de opinión completa en Quadratín Michoacán.
