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La dignidad del periodismo se construye en libertad
En tiempos en los que la información circula a una velocidad nunca antes vista, el mayor patrimonio de un periodista continúa siendo el mismo de siempre: su credibilidad.
Ésta no se compra, no se hereda ni se decreta; se construye día con día mediante el ejercicio responsable, ético y profesional del periodismo.
De ahí la importancia de que las y los periodistas cuenten con organizaciones verdaderamente independientes, democráticas y comprometidas con la defensa del gremio y de la sociedad.
No organizaciones subordinadas a intereses políticos, económicos, empresariales o gubernamentales, sino espacios de participación libre donde la voz de cada integrante tenga el mismo valor y donde prevalezcan los principios antes que los intereses particulares.
Una organización de periodistas debe tener como razón de ser el fortalecimiento profesional de sus integrantes, la capacitación permanente, la defensa de la libertad de expresión, el derecho de acceso a la información, la protección de los derechos humanos de quienes ejercen esta profesión y la promoción de condiciones dignas para el trabajo periodístico.
Pero la defensa de los derechos también implica asumir responsabilidades.
No basta con exigir respeto a la libertad de expresión; es indispensable ejercerla con responsabilidad social. No basta con reclamar el derecho a informar; es necesario hacerlo con rigor, verificando los hechos, contrastando las fuentes y distinguiendo claramente entre información, opinión y propaganda.
El compromiso ético constituye la principal diferencia entre el periodismo y la simple difusión de rumores o intereses particulares.
El periodista no está llamado a servir al poder ni a los grupos de presión; su compromiso superior es con la sociedad y con la búsqueda permanente de la verdad.
Por ello, toda organización periodística que aspire a representar dignamente al gremio debe sustentarse en documentos básicos que establezcan principios democráticos, un Código de Ética, mecanismos transparentes para la toma de decisiones y órganos internos capaces de promover la conciliación y la rendición de cuentas.
La autoridad moral no nace de un nombramiento, sino de la congruencia entre lo que se proclama y lo que se practica.
La independencia también exige rechazar aquellas conductas que durante años han deteriorado la imagen del periodismo: el uso de la profesión para obtener privilegios personales, el chantaje, la extorsión, la difamación, la desinformación o cualquier práctica que convierta la información en mercancía o instrumento de presión.
La sociedad necesita periodistas libres, pero también periodistas responsables. Mujeres y hombres que comprendan que informar implica un servicio público indispensable para la vida democrática. Sin información veraz no existe ciudadanía plenamente informada; y sin ciudadanos informados, la democracia se debilita.
El periodismo seguirá siendo una profesión honrosa mientras quienes la ejercen mantengan intactos sus principios, defiendan su independencia y coloquen siempre la dignidad por encima de cualquier beneficio personal.
Las organizaciones periodísticas tienen hoy la oportunidad de recuperar ese sentido original: ser comunidades de profesionales comprometidos con la verdad, la ética, la solidaridad gremial y el derecho de la sociedad a estar informada. Ese es el mejor camino para dignificar el oficio y honrar una profesión cuya mayor fortaleza no es el poder que pueda alcanzar, sino la confianza que logre conservar.