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La oposición en Guerrero, particularmente el PRI, se encuentra desesperada por constituir una alianza electoral contra Morena rumbo al 2027.
Héctor Astudillo Flores, exgobernador priísta y ahora muy activo en Movimiento Ciudadano, ha señalado que urge conformar un frente político que frene el crecimiento del partido guinda y disminuya su presencia política y electoral en las elecciones para la gubernatura, así como en el Congreso federal y local.
En su análisis, Astudillo Flores subrayó que en 2027 no habrá elecciones presidenciales, lo que podría fortalecer a la oposición, especialmente al PRI, siempre que logren cohesión interna.
Sin embargo, Movimiento Ciudadano ya ha marcado distancia.
Su dirigencia respalda la línea nacional de Jorge Álvarez Máynez: contender en solitario.
En Guerrero incluso se habla de apoyar a una morenista para la gubernatura y de impulsar a Yoshio Ávila González para la presidencia municipal de Acapulco.
Prueba de ello es que Ángela Rodríguez Ibarra, coordinadora de los regidores de MC, trabajará de la mano de la alcaldesa Abelina López Rodríguez, por instrucciones del propio Ávila.
Para este partido, el PRI y el PAN representan una vieja forma de hacer política que ya no tiene cabida.
Astudillo reconoce que la oposición no solo está fragmentada, sino también debilitada electoralmente, una condición muy distinta a la que él enfrentó cuando fue gobernador.
El panorama se complica aún más si en 2026 se aprueba la reforma electoral y desaparecen los plurinominales, pues los partidos opositores carecen de cuadros con fuerza real para competir en los distritos. Su mayor temor es perder espacios que hasta ahora se asignaban por lista y no en las urnas.
El PRD, por su parte, reducido a su mínima expresión, ya adelantó su posición en voz de Evodio Velázquez Aguirre: no harán alianza con PAN ni PRI, aunque sí podrían buscar acuerdos con partidos de izquierda.
Su apuesta es asegurar posiciones en ayuntamientos, sindicaturas y regidurías.
El verdadero problema, sin embargo, se cocina en Morena.
La incorporación oportunista de militantes que solo buscan cargos amenaza con debilitarlo desde dentro.
Si sus dirigentes no hacen valer los estatutos ni los principios fundacionales, los “caballos de Troya” terminarán minando al partido guinda. En ese escenario, no será la oposición quien lo fracture, sino la propia complacencia de los morenistas, repitiendo la vieja práctica de “¿cuánto me das y estoy contigo?”.