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Los principios éticos de Morena: entre el ideal y la práctica
Morena nació con una promesa clara: devolver la moral a la vida pública. En sus documentos básicos están los principios que lo distinguen: honestidad, democracia, justicia social, respeto a los derechos humanos, soberanía nacional, transparencia, austeridad republicana y la máxima que lo sintetiza todo: no mentir, no robar, no traicionar al pueblo.
El planteamiento parecía romper con la política tradicional. La honestidad se colocó como el criterio fundamental para ejercer cargos públicos; la democracia, como mecanismo de consulta a las bases; la justicia social, con el lema “Por el bien de todos, primero los pobres”; y la austeridad republicana, como símbolo de un gobierno sin privilegios ni excesos.
En el discurso, Morena buscó diferenciarse de la vieja clase política. El partido se asumió como la alternativa que pondría al pueblo en el centro de las decisiones, eliminando la corrupción, el derroche y el autoritarismo que marcaron décadas de gobiernos anteriores. Sin embargo, como suele suceder en la política mexicana, el contraste entre el ideal y la práctica abre un espacio de dudas.
Si bien la honestidad es un principio rector, en distintos estados gobernados por Morena se han presentado señalamientos de corrupción. La democracia interna, que debería fundarse en asambleas y consultas, enfrenta críticas por imposiciones y favoritismos. En cuanto a la justicia social, los programas de becas, pensiones y apoyos directos son un reflejo de esa prioridad, pero el reto radica en mantenerlos sin comprometer las finanzas públicas.
El respeto a los derechos humanos y la inclusión han tenido avances legislativos, aunque dentro del partido conviven posturas conservadoras que generan tensiones. La soberanía nacional es quizá el principio que más se sostiene en los hechos, con la defensa de recursos estratégicos como petróleo, electricidad y agua frente a capitales privados y extranjeros.
La transparencia y la rendición de cuentas son, en cambio, asignaturas pendientes. Organizaciones civiles señalan que Morena debe reforzar sus propios mecanismos de fiscalización. Y la austeridad, aunque popular, ha generado debates sobre sus efectos en áreas estratégicas del Estado.
En suma, Morena enarbola un código ético que lo diferencia en el discurso, pero enfrenta el reto de sostenerlo en la práctica. Al final, los principios no valen por lo que se proclama en documentos o campañas, sino por lo que se cumple día a día en el ejercicio del poder.