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ACAPULCO, Gro., 22 de marzo de 2026.- Artistas de distintas disciplinas reunidas en la mesa de diálogo La mujer en el arte, coincidieron en que las violencias sistemáticas, la desigualdad, la descalificación de su palabra y los obstáculos para ocupar espacios de decisión siguen presentes en los ámbitos cultural, académico, institucional y comunitario.
El inédito conversatorio fue parte de las actividades adicionales a la exposición colectiva de pintura Mujeres Sol, convocada por la muralista Nath Rosas y exhibida en Demina, reunió voces femeninas para hablar acerca de La mujer en el arte, el sábado por la tarde.
Las participantes plantearon que el arte hecho por mujeres no sólo nombra las violencias y desigualdades, sino que también se convierte en una forma de presencia, de resistencia y de transformación colectiva.
La mesa de diálogo estuvo moderada por Erika Salinas en el que participó la artista plástica y promotora cultural Themis Mendoza Arizmendi; la productora y artista visual Jeanette Rojas Dib; la directora y productora de cine Cande Palma Marcelino; la dramaturga y actriz Alette Rojas; la escritora y curadora Roxana Cortés; así como las músicas La Malakía y Nath V. O.
Expusieron cómo la discriminación de género se expresa en formas abiertas y también sutiles, desde el descrédito profesional hasta la necesidad permanente de demostrar capacidad, autoridad y talento frente a sus pares varones.
La directora de la biblioteca pública número 22, Themis Mendoza relató la resistencia que ha enfrentado para transformar ese espacio de Zócalo, en un sitio cultural multidisciplinario, más allá de la consulta bibliográfica tradicional.
Explicó que esa visión le ha implicado confrontar inercias administrativas, jefaturas renuentes al cambio y la oposición de compañeros que prefieren sostener modelos rígidos, pese a la disminución de usuarios y a la necesidad de reinventar estos espacios para acercarlos a la comunidad.
La directora de Demina, cineasta, productora y promotora cultural, Jeanette Rojas habló del costo personal y profesional que implica para una mujer ocupar espacios de liderazgo.
Señaló que ganarse el respeto de sus homólogos varones no ha sido un proceso sencillo y que con frecuencia ha debido enfrentar cuestionamientos, competencia innecesaria y descalificaciones asociadas a su condición de mujer.
Rojas Dib compartió una anécdota de cuando representó a la Secretaría de Cultura en una reunión en la Base Naval, donde sorteó presión en una práctica de tiro cuando la ofrecieron, episodio que, añadió, reflejó cómo se ponen a prueba la autoridad y la presencia de una mujer en entornos tradicionalmente masculinizados.
Desde el ámbito musical, La Malakía y Nathalia V. O. describieron experiencias de exclusión y violencia simbólica en conciertos y foros, donde con frecuencia se sexualiza a las mujeres, se les relega en la programación o se minimiza su presencia artística.
Ambas señalaron que esas expresiones no son hechos aislados, sino parte de una estructura que intenta restarles legitimidad, aunque también remarcaron que esa resistencia las ha llevado a organizarse, defender sus espacios y sostener sus proyectos creativos aun frente al desgaste emocional y económico que implica vivir del arte.
En su oportunidad, Roxana Cortés profundizó en los sistemas heteropatriarcales que condicionan la vida de las mujeres dentro y fuera del arte.
Advirtió que persisten techos de cristal y límites determinantes para el desarrollo creativo, profesional y comunitario.
Expuso que muchas veces se tolera la participación de las mujeres mientras no desborden ciertas estructuras de poder, porque cuando intentan avanzar hacia mayores niveles de decisión aparecen mecanismos de contención, descrédito y violencia, incluso mediante chismes, sospechas y juicios sobre su vida personal.
En tanto, Alette Rojas reflexionó sobre los procesos formativos formales y no formales, y los obstáculos que representa la inaccesibilidad de la educación para muchas mujeres.
La actriz planteó que la formación artística no se limita a las instituciones, sino que también se construye desde la práctica, la comunidad y la experiencia, aunque el acceso desigual a estudios, herramientas, acompañamiento y condiciones materiales sigue marcando diferencias profundas en las trayectorias de quienes intentan abrirse paso en la creación escénica y cultural.
A su vez, la cineasta Cande Palma habló de que las creadoras audiovisuales enfrentan un cuestionamiento permanente sobre su autoridad y sus decisiones.
Indicó que en ese ámbito todavía son pocas las mujeres que encabezan proyectos y que cuando lo hacen, suelen cargar con exigencias adicionales para justificar su liderazgo frente a equipos acostumbrados a obedecer a hombres.
Ante tal experiencia, las participantes coincidieron en que el problema no es el cuestionamiento sino que éste surge desde la desconfianza, la subestimación o la idea de que una mujer debe probar más para ocupar un lugar que a un hombre se le concede con facilidad.
Las artistas coincidieron en que el principal reto sigue siendo ocupar los espacios sin pedir permiso, sostener la obra y la voz propia, acompañarse entre mujeres y visibilizar tanto el trabajo artístico como el de quienes gestionan, son mediadoras, enseñan, organizan y abren camino.