CIUDAD DE MÉXICO, 11 de enero de 2019.-La lucha contra el sobrepeso ha sido una constante en su vida. Montserrat recuerda que desde la infancia presentaba problemas por ser “llenita”, lo que implicaba burlas por parte de sus compañeros, depresiones y baja autoestima.

En Oaxaca, durante 2012 la prevalencia de sobrepeso en la infancia fue de 17.2 y de 10.3 por ciento en obesidad, según explica la Agencia Informativa del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

“En aquel entonces éramos pocas las niñas y niños que teníamos ese problema, actualmente se ha agudizado en la escuela de mi hijo. A él también lo molestan continuamente por su sobrepeso. Yo trato de alimentarlo lo más sano que puedo y hace unos meses comenzó a tomar clases de futbol, para que haga un poco de deporte”, asegura.

Como Montse y su hijo Darío, el sobrepeso y obesidad afecta a 75 por ciento de la población adulta en México y 27.5 por ciento en la etapa de cinco a 11 años de edad, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) 2012.

La medición publicada hace seis años y en proceso de actualización en el 2018 refiere que en Oaxaca la prevalencia de sobrepeso en este periodo de la infancia fue de 17.2 y obesidad de 10.3 por ciento —la suma de ambas, 27.5 por ciento—, mientras que a nivel nacional fue de 19.8 y 14.6 por ciento, respectivamente.

Ante la problemática de sobrepeso y obesidad infantil, la integrante del Centro Interdisciplinario de Investigación para el Desarrollo Integral Regional (CIIDIR), unidad Oaxaca, Aleyda Pérez Herrera, de manera conjunta con el Centro Médico Nacional Siglo 21, lleva a cabo el estudio Inclusión de alimentos nativos a la dieta de niños oaxaqueños de entre 6 y 12 años con obesidad.

En entrevista, la doctora en nutrigenómica por la Universidad de Córdoba, España, explica que la investigación consiste en establecer la relación de los patrones alimenticios en la modificación benéfica de la microbiota intestinal y la expresión de ciertos genes inflamatorios y oxidativos.

“El proyecto, con duración de más de un año, tiempo en que se invitó a participar a 100 niños con obesidad y la misma cantidad con peso normal de entre seis y 12 años en la región de los Valles Centrales de Oaxaca, busca comprobar que la microbiota intestinal se puede modificar con factores ambientales como la alimentación y específicamente la mexicana nativa”.

En la actualidad, los niños han dejado de comer productos que consumían hace unas cinco décadas, como los quintoniles, los hongos, la flor de calabaza, las guías de calabaza, el tomate verde de milpa, entre otros, y paulatinamente han ido sustituyéndolos por comida rápida acompañada por una gran cantidad de bebidas edulcoradas como los refrescos.

Apunta que los niños con obesidad tienen cierto grupo de bacterias que no tienen los niños con peso normal, por lo que buscan regular esto en función con la alimentación nativa.

“Con la investigación se realza el consumo de productos nativos en frutas como la guayaba, la papaya y vegetales como quelites, hongos, calabacitas, chayote, flor de calabaza. Nuestra intención es conocer la aceptación que tienen estos patrones enriquecidos con alimentos nativos en los niños”.

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