Una nueva Constitución

A Juan Pedro, el amigo que se fue, el hombre de la sonrisa eterna.

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, es el documento rector de la vida nacional. Surge en 1917 de un gran proceso político y armado conocido como la Revolución Mexicana teniendo como antecesora la Constitución de 1857.

A 103 años de ser promulgada ha recibido cientos de modificaciones, lo que la vuelve un texto que conserva cosas en su esencia, pero ha ido cambiando, según la correlación de fuerzas políticas hegemónicas.

No es casual que desde 1982, con la imposición del neoliberalismo, la carta magna haya recibido el mayor número de cambios que fueron orientados a desmantelar el Estado de bienestar, e ir modificando la concepción de un Estado social a uno que simplemente fuera espectador.

El Congreso de la Unión se erigió como un Constituyente Permanente para poder reformar o adicionar artículos y temas en la constitución. Por esta han pasado las “grandes reformas” que cada sexenio se han presentado como “ejes de desarrollo”.

Es cierto que la Constitución de 1917 fue un texto político y social de gran avanzada en derechos, priorizó a los desposeídos, garantizando la igualdad de oportunidades. En esta se reflejaron los artículos referidos a la educación laica y gratuita para todos, la tenencia de la tierra y el derecho al trabajo. El neoliberalismo y sus personeros que gobernaron se empeñaron en destruir o reformar esta constitución, pues no representaba nada de lo que ellos concebían.

Existimos quienes pensamos que este proceso político y social actual debe alzar la vista y convocar a todas las fuerzas políticas y sociales a un congreso constituyente, con la intención de crear una nueva Constitución de acuerdo con los tiempos actuales, que retome las mejores demandas del texto de 1917, pero que vaya más allá de esta y se consideren las circunstancias actuales y la dinámica del mundo actual.

Prioritaria es la reducción de la jornada laboral a seis horas y la revaloración del mundo del trabajo con todos los derechos que el trabajador debe tener, que la mujer decida sobre su cuerpo, elevar a categoría política el amor y que cada persona pueda casarse si así lo busca con la persona que decida, que la tierra se eleve a sujeto político para la preservación de la misma, una educación integral, laica, gratuita, científica y popular donde el arte entre a las escuelas y no se quede sólo en museos y aparadores.

Navegar en las condiciones actuales es un riesgo que no debería tomarse y debe verse el reto de una refundación del país, para lograr, como lo decía el brillante Ricardo Flores Magón, “que el pueblo tenga derecho a vivir y a ser feliz”.