La rebelión de los charros

En el amanecer del día laboral del 7 de febrero, se desarrolló una manifestación inusual por las demandas que presentaban ante la autoridad y ante la comunidad interna del centro de trabajo.

En las oficinas centrales de la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado del Municipio de Acapulco (CAPAMA), aprovechando el viaje de trabajo que la alcaldesa Adela Román, el director del organismo y funcionarios diversos emprendieron hacia Abu Dhabi, capital de los Emiratos Árabes Unidos para presentar proyectos de infraestructura en el Foro Urbano Mundial, un grupo de trabajadores afiliados a la sección correspondiente del SUSPEG solicitó en conferencia de prensa la destitución del director general Leonel Galindo, el contralor Adalid Cruz López, el subdirector operativo Rogelio Morales y la subdirectora comercial Rosalinda Gutiérrez Terrones.

Argumentaron que el primero de los mencionados no ha entregado las cuotas correspondientes al ISSSPEG, y a los demás funcionarios los acusaron de no ser partícipes de las inercias de trabajo que esta organización mantuvo por años. Acusaron también a Rogelio Morales y Rosalinda Gutiérrez de promover un sindicato alterno al ya enquistado en la paramunicipal.

El asunto no es otro que no aceptar que la paramunicipal sufra cambios ejemplares para volverla un organismo eficiente, en el cual es parte importante el desterrar la corrupción cáncer que ha agraviado a la sociedad en su conjunto y una de las banderas por las que la 4T emprendió una lucha frontal.

Lo curioso es que con las administraciones pasadas, esos pseudo dirigentes sindicales, o esos charros para ejemplificarlos mejor, dirigentes de sindicatos blancos pro patronales, cachorros de la corrupción, la transa, el contubernio y el cochupo, nunca dijeron nada, no tomaron las posturas que toman ahora, y están en su derecho de hacerlo, pero la omisión y la complicidad son decisiones políticas y ellos decidieron tomar una postura de abierta beligerancia a una administración que, es cierto, ha tenido errores, pero más allá de eso es una forma de llamar la atención, pues ven diluir sus corruptelas.

Ahora erigen una bandera fascista contra los derechos de las y los trabajadores, al querer coartarles su derecho constitucional para asociarse (Artículo 9°, el derecho para coaligarse en defensa de sus respectivos intereses formando un sindicato. Fracción XVI del Artículo 123) y el buscar evitar a toda costa la formación de un sindicato distinto  al de ellos dentro del mismo organismo (Artículo 388 de la Ley Federal del Trabajo que señala el derecho que dentro de una misma empresa existan varios sindicatos).

Creen o piensan, si es que pueden pensar en algo que no sea la transa, la corrupción y el cochupo, que este será un golpe o una provocación al Sindicato independiente, que se mantuvo en la mesura sin responder a las provocaciones pues mientras ellos actúan de manera desesperada, dicha organización obrera lleva más de 10 años organizándose para representar con dignidad a los trabajadores, sigue haciendo su trabajo de base, de formación sindical y sin exclusión a la base trabajadora.

¿Por qué cuando las administraciones se retrasaban con el pago de las quincenas ya trabajadas de la base obrera, el sindicato blanco nunca decía nada? ¿Por qué, peor aún, hacía una diferenciación de trabajadores de primer y segundo nivel, dejando a los de contrato o lista de raya en su desamparo?

Los tiempos cambian como la vida misma y es urgente hacer eficiente ese organismo que ha sido históricamente la caja chica de las administraciones que han pasado, y sería necesario revisar qué papel han jugado quienes no se daban cuenta del desfalco y hurto que pasaba en la paramunicipal o que tal vez eligieron el triste papel de cómplices del agravio a la sociedad acapulqueña.