Hoja verde
¿Quién nos enseña a reconocer las tormentas que llevamos por dentro? Hay noticias que no solo cambian nuestra salud; también transforman la vida que imaginábamos.
Cuando el médico pronunció la palabra cáncer, Elena dejó de escuchar por unos segundos. Tenía 42 años. Había llegado al consultorio pensando en los estudios que necesitaba y en las cosas que todavía debía hacer al regresar a casa. Pero, de pronto, todo pareció detenerse. Miró al médico, apretó las manos y pensó en sus hijos, en su familia, en los planes que aún tenía pendientes. Sintió miedo. No sabía qué iba a pasar, cómo sería el tratamiento ni cómo cambiaría su vida a partir de ese momento. Al salir, el mundo seguía igual: los automóviles circulaban, la gente caminaba apresurada y el sol iluminaba las calles. Sin embargo, para ella, algo había cambiado para siempre.
Elena todavía no lo sabía, pero además de comenzar un proceso médico, también estaba enfrentándose a una pérdida: la de la tranquilidad con la que había vivido hasta entonces, la seguridad que sentía sobre su futuro y la vida que imaginaba antes de escuchar aquel diagnóstico. Estaba comenzando un duelo.
Porque el duelo no siempre comienza cuando alguien muere. A veces empieza cuando recibimos una noticia que altera la manera en que miramos nuestra propia vida.
Un diagnóstico de cáncer puede despertar miedo, tristeza, enojo, incertidumbre y muchas preguntas sin respuesta. Algunas personas sienten que han perdido el control de su vida; otras temen dejar de hacer lo que aman o convertirse en una preocupación para su familia. Cada experiencia es distinta y no todas las personas reaccionan de la misma manera. Pero ninguna debería sentirse obligada a ocultar sus emociones solo para demostrar fortaleza.
Es aquí donde la tanatología puede ofrecer un acompañamiento valioso. No para tratar la enfermedad ni prometer que el dolor desaparecerá, sino para ayudar a las personas a reconocer sus emociones, afrontar los cambios y encontrar recursos para transitar esta nueva realidad. También brinda un apoyo indispensable a sus seres queridos.
Elena necesitaría tiempo para comprender lo que estaba viviendo. No tenía que resolver todos sus temores aquel día ni encontrar de inmediato una explicación para lo ocurrido. Podía sentir miedo y, al mismo tiempo, conservar la esperanza; podía recibir atención médica y permitirse llorar; podía ser fuerte sin tener que fingir que no estaba asustada.
A quienes hoy enfrentan el cáncer, y a quienes caminan a su lado:
Estas palabras son para ti, que recibiste un diagnóstico que cambió tu vida; para ti, que tienes miedo, que no sabes qué vendrá y que quizá has llorado en silencio para no preocupar a quienes amas. También son para las madres, los padres, los hijos, los abuelos, las abuelas y los hermanos que sufren al ver enfermar a alguien de su familia y que, muchas veces, olvidan que ellos también necesitan ser escuchados y acompañados.
No tienen que ser fuertes todo el tiempo. No tienen que encontrar todas las respuestas ni esconder sus lágrimas. La tanatología está aquí para acompañarlos, para dar un espacio a sus emociones y recordarles que, aun en medio de la incertidumbre, no tienen que atravesar este camino en soledad.
Porque acompañar también es una forma de amar, y nadie debería sentirse solo en uno de los momentos más difíciles de su vida.
Con amor y respeto,
Tanatóloga Patty Ugalde
ESCRÍBEME Y HABLEMOS
Déjame tu comentario o envíame un mensaje privado:
📲 WhatsApp: 7442946358
Facebook: Tanatóloga Patty Ugalde