Hoja verde
Para una madre que busca en la región de La Montaña, en la costa o en los caminos de nuestro querido estado de Guerrero, el tiempo no se divide en días o en meses, sino en el eco de unos pasos que aún se aguardan en la entrada.
En la mesa, un plato servido en el pensamiento; en una silla la prenda que conserva la forma de unos hombros amados.
Buscar a un hijo desaparecido no es solo recorrer brechas o mover la tierra; es sostener el corazón con las dos manos para que no se desmorone en medio de la duda.
Doña Rosa, en una comunidad de nuestra tierra, mira el teléfono cada mañana con una mezcla de fe y sobresalto. No hay un ritual de despedida ni un lugar donde colocar una flor. Solo existe esa pregunta que se repite en el silencio:
¿Dónde estás hoy, mi vida? Para ella y para tantas familias guerrerenses, esta pérdida no es un hecho concluido, sino una pausa dolorosa que detiene la cotidianidad.
Desde la tanatología humanista, como disciplina enfocada en el acompañamiento ante las pérdidas significativas y el cuidado de la salud mental, es fundamental nombrar las realidades emocionales por su nombre.
Cuando enfrentamos la pérdida por muerte de un ser querido, la certeza, por dolorosa que sea, permite al proceso de duelo seguir un camino de asimilación, ritos de despedida y gradual integración de la ausencia.
Sin embargo, en la desaparición de un ser amado, nos encontramos ante lo que en tanatología definimos como” duelo ambiguo o duelo suspendido”.
Este tipo de duelo ocurre cuando la persona no está físicamente presente, pero tampoco hay una certeza de su partida final.
La tanatología nos enseña que el duelo ambiguo no busca “cerrar ciclos” de forma apresurada ni forzar despedidas, sino brindar herramientas de salud emocional para sostener la existencia en medio de la incertidumbre.
Esta columna está dedicada, con la mirada puesta en el suelo y el máximo respeto en el corazón, a cada una de las madres, padres y familias de Guerrero que recorren incansablemente nuestro estado.
A ti, madre guerrerense que caminas bajo el sol de nuestra tierra, que mueves el cielo y las montañas sin que el cansancio te doblegue: desde la tanatología comprendemos que tu búsqueda no es una obsesión, es la manifestación más pura, sagrada y noble del amor maternal.
La esperanza que llevas dentro no es una ilusión vana; es la fuerza sagrada que sostiene tu latido cada mañana. Tu lucha es válida, tu proceso es único y tu dolor merece ser tratado con la más infinita ternura y profesionalismo.
No estas obligada a mostrarte fuerte todo el tiempo. En la tanatología sabemos que esta bien si las fuerzas se agotan, que esta bien llorar en la soledad y que es humano sentir que el peso de no saber quema por dentro.
Pero en esas noches oscuras, recuerda que cada paso que das, cada foto que sostienes al aire y cada vez que pronuncias su nombre, le estas diciendo al universo que tu hijo importa, que existe y que hay un corazón latiendo por él.
Que estas palabras sean hoy un testimonio de que la tanatología en Guerrero está al servicio de la salud mental, del abrazo sincero y de la dignidad humana.
No estás sola; la comunidad guerrerense en su conjunto tiene la deuda moral de ser el hombro donde puedas sostenerte cuando tus piernas sientan que ya no pueden más.