Más allá del escándalo
La salida de Guadalupe Taddei era necesaria, incluso inevitable, pero eso no alcanza ni de cerca para que el INE recobre la confianza ciudadana que ha ido perdiendo desde su captura.
Los escándalos acumulados por excesos y evidentes actos de corrupción, revelados en contratos, audios y videos, tuvieron consecuencias por la presión social, los crecientes costos políticos en medio del proceso electoral y, en virtud de lo anterior, la decisión de Palacio Nacional de quitarle el piso a la presidenta del instituto y orillarla a renunciar.
Es inexacto y engañoso decir que Taddei llegó por la tómbola porque el sorteo estuvo amañado de inicio. Si ella llegó a la presidencia del INE fue porque López Obrador la impulsó a ese cargo.
Recordemos que el entonces mandatario mostró su juego al adelantar, en un proceso en el que por ley debería estar ajeno, que su partido no intentaría siquiera lograr los dos tercios en la Cámara de Diputados –no les habían obsequiado aún la espuria mayoría calificada- para nombrar a los cuatro consejeros y, por tanto, se recurriría a la salvedad pensada para forzar el acuerdo: el azar... pero en esa ocasión, y ahí estuvo la trampa, la suerte fue dirigida.
Hasta la fecha no entiendo –o prefiero no entender- por qué los partidos de oposición aceptaron a un Comité Evaluador faccioso, en su mayoría inexpertos y al servicio de Morena, lo cual violaba la Constitución que establece imparcialidad y conocimiento. Ahí procesaron las cuatro quintetas al gusto de Palacio, privilegiando afines e incluso parientes de la aristocracia obradorista, dejando fuera a muchos profesionales con experiencia, probidad e independencia.
Cierto que hubo quejas airadas, pero se quedaron en el discurso. No solo permitieron la gobernabilidad de la Cámara sino que aceptaron que el sorteo, con las quintetas impuestas por el comité sectario, se realizara en el Salón de Sesiones, donde no existe mano santa, en lugar de la Corte, todavía independiente, como lo indica la Carta Magna. Y todo eso lo dejaron pasar, aunque tenían el respaldo ciudadano de la Marea Rosa que había desbordado el Zócalo y más de 120 plazas a lo largo y ancho del país.
No es casual que los cuatro sorteados, donde iba incluida Taddei con todo y su presidencia, avalaran la inconstitucional y excesiva sobrerrepresentación que ha permitido al oficialismo modificar unilateralmente la Constitución para concentrar el poder, extenderlo y perpetuarse en él; un acto golpista. Y, además, pudieron consolidar el control gubernamental del INE con la imposición de otros tres consejeros del régimen mediante plancha, ignorando de nuevo a la oposición.
Aunado a la captura política del instituto, dotaron de superpoderes a la presidencia del INE, debilitando la colegialidad el instituto, dándole la facultad de designar a los titulares de las direcciones ejecutivas y técnicas, lo que antes requería de amplios acuerdos entre consejeros. Por eso tenía manga ancha para repartir contratos entre amigos y cercanos. El sentimiento de impunidad por ser parte de un régimen sin contrapesos ni rendición de cuentas que ella misma ayudó a edificar, llevaron a Taddei a confiarse y desentenderse de la autocontención… y hasta de la discreción.
Se equivoca la presidenta Sheinbaum al decir que es violencia de género denunciar la entrega de contratos a amigos cercanos, no digamos a la pareja sentimental como parece ser el caso. No hay manera de justificar la presencia de funcionarios del INE en fiestas del contratista ni que éste agasaje al hijo de Taddei al grado de ponerle París a su pies y ya para qué hablamos de los audios y la sopita de fideo.
El conflicto de interés y el cohecho son actos de corrupción y, por tanto, asuntos de interés público, lo mismo que el desvío de recursos públicos al poner en la nómina como supuesto chófer al apoderado legal de una empresa que ni siquiera acude a trabajar.
En eso convirtieron al INE. Es cierto que todavía queda una parte del servicio profesional electoral, gente honesta que hace un gran trabajo, pero las presiones para que se vayan o adelanten su retiro son constantes. En cualquier caso, no hay duda que la degradación del instituto comenzó con su captura oficialista. La renuncia de Taddei no solucionaría eso y menos si en su lugar colocan a alguien igualmente parcial y servil a los intereses de Morena.
Faltan unos meses para la elección y la pérdida de confianza en la autoridad puede ser un factor de conflictos e ingobernabilidad. Por eso podría aprovecharse esta coyuntura para dar pie a una rectificación parcial que recupere la legitimidad pluralista y contribuya a recobrar algo de la credibilidad del árbitro, si es que nombran, en acuerdo con la oposición, a alguien que sea imparcialidad y goce de prestigio como nuevo presidente del INE. A qué le tiras cuando sueñas mexicano…