Cocodrilo corre a bañistas del mar en Zihuatanejo
ACAPULCO, Gro., 24 de octubre de 2025.– El capitán de yates Artemio Osorio Ruiz creyó que el huracán Otis en 2023 lo llevaría a la muerte.
“Yo ya estaba listo y preparado para irme a otro plano terrenal”, recuerda. Sin embargo, fue el mar, el mismo con el que ha trabajado por más de 50 años, quien terminó por salvarle la vida. Desde entonces, cada día le agradece.
“Doy gracias a Dios que sobreviví, que me dio una oportunidad de vida. Mi vida cambió mucho. Tengo otra forma de pensar, otra forma de ver la vida. Tengo mucho que agradecerle al mar, a pesar de todo lo que pasó. El mar no me hizo daño, el mar me salvó. Otis me quería matar, pero gracias al mar estoy vivo”, contó.
Osorio Ruiz fue uno de los sobrevivientes que permanecieron a bordo del yate en el que trabajaba la noche del 23 de octubre de 2023. Hasta la fecha, la embarcación no ha sido localizada, ni tampoco un marinero y el ingeniero de máquinas quienes viajaban con él.
En entrevista con Quadratín Guerrero, el capitán relató que ese día ninguna autoridad les advirtió sobre la verdadera magnitud del huracán, ni de la categoría que alcanzaría, sino hasta tres horas antes de tocar tierra.
“Todos los tripulantes nos confiamos. Pensamos que iba a disminuir, pero no fue así y tuvimos que enfrentarlo. Los primeros embates hicieron que las embarcaciones comenzarán a golpearse entre sí”, narró.
El capitán Temo, como lo conocen, manejaba un yate de casi 100 pies de eslora y tres niveles de altura, fabricado en aluminio. Las ráfagas rompieron el cabo de tres pulgadas que lo sostenía, y el barco terminó destruido o hundido.
“En uno de esos embates se reventó y nos tuvimos que salir entre el montón de lanchas. Había como 30 o 40 embarcaciones alrededor. Hicimos maniobra para refugiarnos cerca del hotel Copacabana, donde normalmente hay menos viento, pero no sirvió de nada”, dijo.
Recuerda que Otis tardó apenas unos 15 minutos en hundir la embarcación. “El agua ya estaba al nivel de la terraza de arriba. Me arrastré nadando, volteé a ver y vi las lucecitas del arco que tenía arriba, fue lo último que vi. Ya el mar no me dejó.”
Durante las horas siguientes nadó entre olas que lo golpeaban y revolvían. “Agarraba cojines, almohadas, tablas, pero todo me lo quitaba la ola. En una de esas me encontré a un compañero, lo confundí con una boya. Me dio un pedazo de tabla y gracias a esa tabla pude flotar y sobrevivir.”
“Fue un milagro de Dios que sobreviviera”, dijo. Dos de sus compañeros, dominados por el miedo, se quedaron encerrados en una de las recámaras del yate y murieron.
“Cuando amaneció me acerqué nadando a un remolcador por la Base Naval y ellos me subieron, me rescataron y me llevaron a la base.”
Dos años después, el capitán afirma que ha logrado sobreponerse al trauma, aunque los recuerdos lo acompañan.
“Esto lo puedes superar, pero no lo puedes olvidar. Sigo soñando con mis compañeros, recordando los últimos momentos… los tengo presentes. Cada noche los encomiendo a Dios y le doy gracias por esta segunda oportunidad de vida”, expresó.