Atención al desastre y el show del gabinete

Sin mayor trascendencia ni impacto, el presidente Andrés Manuel López Obrador rindió lo que llamó su segundo informe, con el mismo tono y las desgastadas líneas discursivas que son parte de su estrategia. Ese tema ya ha sido profusamente analizado, por lo que no merece detenerse más en él.

Mucho más importante para el estado resultó la atención y mitigación de los daños, en algunas regiones cuantiosos, que dejó a su paso la tormenta tropical Hernán.

No obstante que la entidad vive un entorno sanitario y económico verdaderamente complejo, la rapidez de la respuesta al meteoro por parte del estado, cuyas dependencias acumulan mucha experiencia en esos casos y la buena disposición de respaldo y apoyo federales alcanzados gracias a muy rápidas gestiones, ha permitido atender de manera oportuna no únicamente las afectaciones, sino prioritariamente a los damnificados.

Poco más de la mitad de los municipios de la entidad, 43 de un total de 81, fueron declarados, unos zonas de desastre y otros zonas de emergencia por la Comisión Nacional de Protección Civil, lo que permitirá acceder a recursos presupuestales extraordinarios procedentes del Fondo Nacional de Desastres, para lograr restablecer pronto la normalidad en cabeceras municipales y comunidades.

La coordinación para la ejecución de todo este esfuerzo, correrá de manera coordinada con la participación de dependencias federales y estatales, según confirmó el gobernador Héctor Astudillo Flores en la sesión de la Mesa de Coordinación Estatal para la Coordinación de la Paz.

Otros temas abordados fueron los que tienen que ver con dos curvas que preocupan a todos. La curva descendente de las cifras de la pandemia que ha permitido transitar al semáforo amarillo y el mantenimiento estable del fenómeno de la delincuencia y en especial del homicidio doloso, en el que nos mantenemos ya por varios meses.

Y finalmente, en el entorno nacional, más que los pálidos dichos del segundo informe de AMLO, resultaron por lo menos interesantes los cambios en el gabinete anunciados oficialmente el miércoles.

El presidente recurrió a una figura clásica y falsa, la de los “motivos de salud”, para renunciar a Víctor Manuel Toledo al frente de esa dependencia ornamental que se llama Semarnat. El argumento presidencial, bastante pueril, fue que “padecía de estrés”. La verdad es que seguramente a Toledo se le atravesó un grave problema en la garganta con la 4T, entelequia que ha cuestionado ampliamente, como se ha podido comprobar.

Lo sustituye María Luisa Albores, quien llega de la secretaría del Bienestar y que seguramente llevará la consigna de acabar de desaparecer a la Semarnat o convertirla en una subsecretaría incrustada en alguna parte del organigrama federal, podría ser incluso en la Sader. Ella es tan gris como muchos de los integrantes del gabinetazo.  

Finalmente, como titular de Bienestar coloca a su paisano Javier May Rodríguez, quien era subsecretario de la dependencia y como tal encargado de esa otra ocurrencia que se llama Sembrando Vida y que en efecto siembra vida para cosechar dentro de veinte años o más. Un dato final, May Rodríguez, muy cercano a los afectos de AMLO protagonizó varios desencuentros con la Albores, el último, en marzo pasado, cuando aquella lo despidió, pero el presidente al otro día lo reinstaló.

Lo dicho, el gabinete, incluido el presidente, parecen una tragicómica caricatura.