El otro gran desafío para 2021

Independientemente de que este año en materia económica lo terminaremos con muchos desafíos, la perspectiva para el próximo se anticipa mucho más compleja, sobre todo en lo que tiene que ver con los recursos presupuestales para estados y municipios.

Esto se irá clarificando en las próximas semanas, una vez que avance en el Congreso el proceso de análisis del paquete económico 2021 enviado por el ejecutivo federal, que es extremadamente austero y restrictivo, lo que de entrada envía una señal ominosa en cuanto a la reactivación de la actividad productiva y la generación de empleo.

Esto ya incluso fue advertido por la agencia calificadora Moody´s, al señalar que la reducción en las transferencias a estados y municipios previstas en el presupuesto 2021 los dejaría sin liquidez, con déficit en sus balances financieros y menos recursos para infraestructura.

Desde luego que esto trasladado a la realidad de Guerrero, complicaría mucho el margen de maniobra gubernamental para abatir los indicadores de marginación y desarrollo humano que prevalecen, a pesar de que en los últimos años se ha desplegado un gran esfuerzo para abatirlos.

A este desafío presupuestal hay que añadir que 2021 estará aún dominado por la pandemia y sus efectos adversos, pero también será un año electoral y de relevo gubernamental, lo que implicará se quiera o no, tensión y polarización políticas adicionales.  

Es obvio que cualquier cambio en el gobierno provoca incertidumbre, pero en este caso, como también advierte Moody´s, se podrían acentuar las dificultades a medida que el relevo gubernamental genere incertidumbre sobre la continuidad de las políticas públicas.

Ya en 2018 muchos mexicanos, empujados por el hartazgo, no dudaron en utilizar su voto para dar un salto al vacío. Unos están conformes con el resultado de su decisión, otros no. No creo que mayoritariamente vuelvan a efectuar otro salto igual porque las circunstancias son diferentes.

Estimo que en Guerrero los electores que se animen a participar en los comicios intermedios del próximo año, que pueden no ser muchos numéricamente como bien consigna la estadística histórica de ese tipo de elecciones, serán mucho más reflexivos sobre el sentido de su sufragio que en 2018.

Esto dependerá de muchos actores y factores. Lo importante es que en medio de todo esto que será desafiante, este último año de la administración de Héctor Astudillo Flores, transcurra sí con intensidad, pero también con la certidumbre que da la gobernabilidad.

Evidentemente se trabaja en ello desde ahora. La austeridad y racionalidad en el manejo presupuestal vienen siendo impulsadas desde hace tiempo, por lo que anticipo que Guerrero se adecuará a esa nueva realidad, pero también demandará el respaldo federal con fundamentos.

Ese respaldo federal que parece que se concede a veces sí y a veces no, pero que ahora es vital para el estado, va a ser determinante para definir el rumbo de la futura nueva administración, porque si además del recorte presupuestal, la desaparición de programas y demás acciones que contempla el presupuesto para el 21, se mantiene la política de total menosprecio a la actividad turística de la que vive el estado, vamos a estar en un grave predicamento.