Urge al estado unidad y certidumbre

A pesar de que en esta ocasión la información de los resultados fluyó mucho más lentamente que en otras elecciones y no obstante los tropezones que tuvo el PREP local, se va clarificando el panorama y muy seguramente con el cómputo estatal el domingo, habrá total certidumbre sobre los datos que aporte la autoridad electoral, para extender la correspondiente constancia de mayoría a quien resulte ganador.

Desde luego que si para los candidatos y sus partidos, existen inconformidades, están en su derecho de interponer las impugnaciones que deseen, porque para eso existen las instancias jurisdiccionales y el basamento legal electoral.

Lo deseable es que haya la suficiente madurez y congruencia por parte de todos, para aceptar los resultados, cualquiera que estos sean. Sin embargo, una cosa es lo deseable y otra es lo posible. Conforme a la intensidad, grado de confrontación y polarización radical que se observó en las campañas, es remoto que esto transite con tersura.

Si hay inconformidades y se encauzan legalmente, eso sería no sólo normal, sino muy bueno para la coyuntura política que vive Guerrero. En cambio, si se abona al conflicto poselectoral, entonces se conduciría a la entidad a la incertidumbre, a la crisis social y al peligro de la ingobernabilidad. Dudo que ese peligroso escenario lo desee alguien.

El jueves, al develar la estatua a los derechos humanos en la glorieta Bicentenario del Primer Congreso de Anáhuac, en la capital, Héctor Astudillo Flores, en un mensaje muy claro, advirtiendo que “no se dirigía a nadie en particular”, y hablando como gobernador de todos los guerrerenses, convocó a la unidad para no permitir “que nadie ponga en riesgo la estabilidad política y social de nuestro estado”.    

  Antes había reconocido el gran esfuerzo de quienes tuvieron a su cargo la organización de las elecciones y recordó que el domingo 6 los ciudadanos “expresaron libremente su voluntad a través de su voto y estamos obligados todos, en su momento, a respetar el resultado de las urnas”. 

Seguramente en referencia a cualquier eventual desbordamiento de las pasiones, el mandatario advirtió que nadie tiene derecho a “poner en riesgo la estabilidad política y social de Guerrero”, una estabilidad que, por cierto, a lo largo de los más de cinco años de su gobierno se ha dedicado cotidianamente a construir y preservar.

Es por ello pertinente que el domingo, se observe el cómputo y se acepten los resultados. Ojalá que, si hay inconformidades, éstas estén lo suficientemente fundadas y probadas, pues lo que urge al estado es salir por fin de la incertidumbre y pasar la hoja.

La jornada electoral del domingo 6 fue, para utilizar una vez más el socorrido lugar común, “una verdadera fiesta cívica”, a la que llegaron, aunque todo estaba debidamente preparado y dispuesto, apenas la mitad de los invitados.

Según los datos que se desprendieron del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP), que manejó el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana, a reserva de conocer las cifras finales, se puede señalar que sólo entre el 50 y el 51 por ciento de los ciudadanos que están registrados en el padrón, acudieron a sufragar.

Se confirma nuevamente que las elecciones intermedias como ésta, aunque tengan el atractivo adicional de que se elige gobernador, concitan poco interés de los electores. Esto significa que los ciudadanos se abstienen porque los partidos y sus candidatos, en su gran mayoría, son incapaces de presentar propuestas atractivas, innovadoras, honestas como parte de su plataforma.

En Guerrero pudimos confirmar esto con la realización de los dos debates entre los candidatos a la gubernatura, que tuvieron un nivel verdaderamente deplorable, ya que para lo único que sirvieron fue para exhibir las carencias intelectuales de la mayoría de los participantes.

Si nos atenemos a que, de todos los candidatos, sólo dos o tres contaban con dotes suficientes como para llevar a cabo un buen papel, conviene preguntarnos si ese es el pobre nivel de la confrontación política en Guerrero y la respuesta es sí. Esto es una verdadera pena en un estado que ha contado con personajes muy destacados a nivel nacional para la oratoria, el debate, la polémica.

Hay, es indudable, una verdadera crisis en la clase política, no de Guerrero, sino a nivel nacional. Partidos viejos agotados, partidos nuevos manejados como franquicia, con una base militante empobrecida en todos los sentidos. Para colmo, la palabra “partido” está tan desprestigiada que a muchos ciudadanos causa repulsión, de ahí también la razón por qué permea tanto la marca Morena, pues simplemente no se identifica tal cual como partido.  

Es quizá por ello y por otros factores más que en esta elección, vimos cómo personajes desconocidos, sin ningún mérito, trayectoria, mucho menos experiencia, alcanzaron el triunfo en diputaciones y alcaldías, gracias al voto visceral de los electores, que están hastiados de los mismos rostros, vicios y desgastadas líneas discursivas.