La economía ya no aguanta más

Precisamente cuando la famosa curva de la pandemia sigue en ascenso, al igual que el número de muertos que deja a su paso, algunos políticos en nuestro país se dedican a confrontarse entre ellos y a desbordar futurismo rumbo a la mega elección de 2021. De ese tamaño es el interés que nuestra clase gobernante tiene por lo que realmente afecta a los ciudadanos. Pero no sorprende, siempre han sido así y lo seguirán siendo.

El pleito entre algunos gobernadores, especialmente el de Jalisco, Enrique Alfaro Ramírez, y el gobierno federal, salpicó incluso al propio presidente de la república, por los dichos del mandatario jalisciense luego de las violentas protestas generadas por la muerte de un civil a manos de policías, quienes presuntamente lo habían detenido por no usar cubrebocas.

Ese tema dominó los titulares la semana anterior, relegando a segundo término un asunto que es verdaderamente toral: la pandemia y su costo económico. En estos días el país se enfrenta a un claro dilema. Continuar con el confinamiento estricto para abatir el número de casos, que cada día son más, o empezar a retomar de manera gradual las actividades económicas básicas.

Esa alternativa no es cualquier cosa, porque independientemente que el tema de la salud pública debe estar por encima de todo lo demás, la otra consecuencia pandémica, la de la devastadora crisis económica que ha afectado terriblemente a millones de familias, derivada de la pérdida del empleo y la recesión sin precedentes que vive el mundo entero, puede llegar a tener consecuencias igual o peores que los efectos del Covid 19.

Aquí en Guerrero el panorama es aún más demandante, en primer lugar porque somos un estado ancestralmente marginado y pobre, y en segundo lugar porque fuera del turismo, la minería y si acaso la construcción, nuestra capacidad generadora de riqueza es muy limitada y hay cientos de miles de familias que viven en la economía informal y que en este momento tienen cero ingresos.

Reabrir de manera escalonada la actividad productiva, observando desde luego la estricta aplicación de las acciones de contención del coronavirus, es una prioridad que no se puede eludir porque es evidente que prolongar aún más el aislamiento podría significar un incremento del reclamo social, ya de por sí desbordado, ya que además del riesgo de contagio, se suma el hecho de que muchas familias no tienen recursos para cubrir sus necesidades básicas, ni el gobierno capacidad para poder resarcirlas.

Ojalá esto se empiece a resolver la próxima semana con orden, responsabilidad y sentido común, tal y como no cesan de exhortar las autoridades estatales. Y ojalá, también, todo mundo haga caso.