Otis: el duelo que aún habita en el pecho
Aristóteles en su obra Metafísica llegó a afirmar que el deseo de saber surge cuando las necesidades básicas ya están satisfechas. Siglos después, Bertolt Brecht sostuvo: “primero comer”; luego, Eduardo Galeano, con su prosa exacta, afirmó que “la democracia es un lujo que no se pueden permitir los que tienen el estómago vacío”. Al respecto, y en general, las ciencias sociales del siglo XX han analizado de manera puntual las tensiones que existen entre las necesidades básicas y las necesidades políticas.
Hace unos días, participé en el Foro “La Importancia de los Instrumentos de Participación Ciudadana en el Ámbito Local: Experiencias y Retos”, organizado por el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana del Estado de Guerrero (IEPC Guerrero), en el marco de su 34 aniversario.
En dicho espacio se reflexionó sobre la participación de la ciudadanía y las herramientas de democracia directa. Durante mi intervención me preguntaron sobre los desafíos que impiden que los mecanismos de participación ciudadana sean apropiados por la sociedad.
Entre mis apuntes sostuve que existe una importante innovación legislativa, así como un número relevante de herramientas a disposición de la ciudadanía para incidir en las decisiones públicas más allá de los procesos electorales. También reconocí la gran labor de actores e instituciones; sin embargo, a pesar de ello, persiste un porcentaje elevado de indicadores que reflejan desafección por la democracia, sus instituciones y sus procedimientos.
De acuerdo con los resultados de la Encuesta Estatal de Cultura Cívica de Guerrero 2025, un instrumento que integra el Informe sobre la Calidad de la Ciudadanía en Guerrero 2025, que se encuentra en vísperas de su publicación, el 45.82% considera que en la democracia muchas y muchos participan, pero pocas y pocos ganan. En el mismo eje de análisis, centrado en el apoyo a la democracia, el 41.33% expresó que le da lo mismo un régimen democrático que uno no democrático, o bien, prefiere, en alguna circunstancia, un régimen autoritario.
Evidentemente es reflejo de un problema mayúsculo.
La democracia requiere participación, sin embargo, en México existe una alta desconfianza interpersonal atravesada por los elevados índices de violencia e inseguridad. La violencia condiciona el ejercicio democrático porque limita la movilidad, debilita la confianza social y modifica las prioridades ciudadanas. De acuerdo con la ENVIPE 2025 del INEGI, en Guerrero 81.2% de la población de 18 años y más considera inseguro vivir en su entidad federativa.
La democracia también requiere legitimidad en las instituciones, pero en México existe un amplio descontento hacia las instituciones públicas y los actores políticos. Por ejemplo, según los datos de la ENVIPE (2025), en Guerrero 67.9% considera corrupta a la policía de tránsito y el 57.7% al Ministerio Público y las fiscalías estatales.
La democracia, más aún la participativa, requiere de organización social, sin embargo, en México el espacio público ha sido abandonado o capturado por grupos delincuenciales.
En democracia se requiere que la ciudadanía conozca de las leyes y procedimientos; no obstante, un sector importante de la población se encuentra alejado de los centros educativos. En Guerrero, de acuerdo con INEGI (2024), el 28.3% de la población presentó rezago educativo, cifra superior al promedio nacional.
Frente a esta situación, vale la pena volvernos a cuestionar: ¿qué impide que los mecanismos de participación ciudadana sean apropiados por la sociedad?