Palabras y juicios irredentes
Los métodos han sido diversos. En la historia reciente de nuestro país, los partidos políticos han recurrido a distintas vías para elegir a quienes abanderarán las candidaturas al amplio abanico de cargos de elección popular. Como en todo sistema, cada alternativa pondera criterios distintos.
Existen experiencias como la designación directa por un gran elector, la cual privilegia un proceso más ordenado, promueve la unidad y fomenta la cohesión de la agrupación; al mismo tiempo, este método consolida los liderazgos tanto de quien elige como de quien es elegido. Esta práctica, conocida en la tradición mexicana como el dedazo, alude a una decisión única emanada de una voluntad que solo requiere señalar con el dedo para lograr la designación. Un ejemplo emblemático es la definición de la candidatura de Carlos Salinas en 1987.
En el mismo sentido, pero con la incorporación de un mayor número de personas en la toma de decisión, está la designación por líderes partidistas o consejo político, de la que emana, luego de una negociación, un equilibrio de fuerzas y un reacomodo en los espacios de poder, la definición unánime de la candidatura. Este procedimiento lo ha implementado el Partido Acción Nacional.
Luego están los métodos más cercanos al azar, en los que, por medio de un proceso de insaculación, se elige de entre distintas ternas o alternativas a la persona encargada de asumir la candidatura. MORENA dispuso de este método para sus listas de diputaciones plurinominales.
También está la convención de delegados, un procedimiento cercano al proceso de voto indirecto, en el que un número de personas representantes de la militancia eligen, en un congreso o en una asamblea, a la persona que asumirá la candidatura. Este proceso puede ser la expresión del peso de distintas expresiones políticas al interior del partido, algo completamente común en las organizaciones político-electorales, pues la misma connotación de su nombre alude a una fracción; es por eso que es común que los partidos estén también partidos. En 2012 y 2018, así definió el PRI las respectivas candidaturas de Enrique Peña Nieto y José Antonio Meade.
Luego están las encuestas, es decir, una herramienta de investigación orientada a conocer, previa selección de una muestra representativa, la opinión de las personas sobre un tema específico. Este método ha estado presente en la historia reciente de México en dos modalidades: la encuesta dirigida exclusivamente a la militancia del partido político, aplicada en muchos ejemplos por el PRD para definir candidaturas, o una encuesta que, aunque se trata de la definición de un partido, considera a la totalidad de la ciudadanía, como es el caso de Claudia Sheinbaum en 2023. Este método es relativamente rápido, entre diez y quince días si es de modalidad cara a cara, es decir, que consulta directamente a la ciudadanía en el territorio, y también es confiable, porque refleja las tendencias generales de la población. Si un partido político desea conocer a la persona con mayor aceptación o preferencia, la alternativa de la encuesta es favorable.
Luego están dos procesos más complejos, pero que también tienen registro en la historia contemporánea de México: las elecciones internas, también conocidas como primarias, es decir, procesos electorales al interior del partido en los que pueden participar ya sea la militancia, como en el caso de la designación de Felipe Calderón en 2005 como candidato del PAN, o la ciudadanía en general, como fue el caso de la designación de Francisco Labastida en 1999. Se trata de un método de selección que replica el proceso electoral constitucional y que también va orientado a garantizar las mismas tendencias de confiabilidad en los procesos.
Algunos métodos son más apegados a criterios verticales y cerrados, que privilegian la definición de la autoridad de un liderazgo visible; otros son aleatorios, en los que se incorpora la variable del azar; y los hay más consultivos, vinculados con valores democráticos, pluralistas y promotores del diálogo.
Se dice que Sócrates, para ilustrar los distintos métodos de selección, utilizó una metáfora (que era lo suyo): en la historia, un grupo de niños tenía que elegir entre un médico y un pastelero. Los discursos de convencimiento fueron peculiares. El pastelero dijo: “Miren a este médico. Él les hace pasar hambre, les da medicinas amargas que saben fatal y les corta con cuchillos (cirugías). Yo, en cambio, les traigo banquetes, dulces deliciosos y cosas que les harán felices al instante”. No le faltaba razón al pastelero, pero el asunto es que el médico garantizaba, con su conocimiento, la buena salud de los niños.
Visto lo visto, me pregunto en qué métodos, de los que están a disposición, ganaría el pastelero y en cuál el médico. Ese es el detalle.
Marco Antonio Adame Meza
Profesor universitario