ACAPULCO, Gro., 13 de julio de 2020.- La doctora Tania Leticia Tello Divicino, es internista del Hospital General de Chilpancingo y desde hace tres meses tuvo que dejar su especialidad en nefrología para dedicarse a tratar pacientes con Covid 19.

Al igual que a miles de doctores en todo el país, la pandemia le cambió la vida: ahora se define, al igual que otros de sus colegas como “covitóloga”.

La doctora narró en entrevista para El Universal, su experiencia el área Covid. Habla de su intimidad, de sus sentimientos, sus frustraciones y su estrés postraumático, la misma angustia que viven todos los médicos mexicanos que están en la primera línea de combate al coronavirus.

Quién quiere estar ahí…

-Soy médico de primera línea en Chilpancingo. Ha sido un reto muy grande, muy difícil de afrontar. Ha sido muy estresante para la mayoría de nosotros. Una situación de emergencia. El estrés al principio era por pensar que no pudiéramos enfrentarlo adecuadamente. Es enfermedad nueva. Cambió todo.

Cambió el ambiente laboral. Mucha gente se fue. Son de grupos vulnerables que se podían enfermar y morir. Los demás nos quedamos a tratar de hacer lo que podíamos con los enfermos. Hemos tenido todas las camas ocupadas a partir de la segunda semana de mayo, que nos empezamos a saturar. El equipo médico nos preocupaba. Lo considerábamos insuficiente. Queríamos más gente en el área, pero no es sencillo encontrar especialistas, quién va a decir: “Yo me contrato para ir ahí”. Justamente es donde nadie quiere estar en este momento. Mucha gente de la población médica trató de no estar ahí.

Las alarmas, los pitidos incesantes, y el drama…

Tello Divicino explica que de pronto la mayoría de los pacientes se agravan y mientras unos corren a conectarlos, otros corren a montar ventiladores porque se agotan los que estaban ocupados.

“Afortunadamente a todos los pacientes que han necesitado ventilador les hemos puesto ventilador inmediatamente”, destaca.

-¿Y los pacientes?                     

-Es muy dramático ver al paciente ahogarse. La tos y las falta de aire, porque el oxígeno les baja muchísimo. Es un poquito frustrante para nosotros saber que a pese a todo lo que tratemos de hacer pudiera el paciente fallecer en las próximas horas. Se ponen muy graves, la verdad, muy graves (dice con mirada de pesar).

Nosotros estamos acostumbrados de gravedad, neumonías, complicaciones de VIH, cáncer pulmonar, hemorragias pulmonares, pero no es lo mismo que el Covid. El Covid es muy agresivo porque es muy rápido todo. Los pacientes de pronto te están explicando, “doctora, llevo tantos días”, te están explicando y de pronto viene una disnea, una falta de aire mayor y todos se viene abajo en un instante.

La doctora indica que es un equipo de cinco médicos por turno para 30 pacientes. De pronto empiezan todos a desaturar, a bajarles la oxigenación, y: “Ahora entuba a este a acá, y entuba al otro”, y todo mundo andamos corriendo. Una sola entubación requiere aproximadamente una hora de trabajo con el paciente: oxigenarlo, entubarlo, sedarlo, verificar que quede bien acoplado al ventilador.

-Las alarmas sonando…                                                

-Uno está atento si suenan las alarmas de los signos vitales. El problema es cuando la alarma es el mismo paciente. Cuando es el paciente el que te está gritando: “¡Doctor, doctor! ¡No puedo más, ya me cansé!” Ellos mismos son los que más estresan. Las alarmas ya sabemos cómo manejarlas, ya sabemos qué hacer. Cuando un paciente está alarmado es una situación de estrés por saber que esta persona está con esa sensación de ahogamiento y de muerte. Esa parte es la que a nosotros nos preocupa. Detectar a tiempo que ellos no lleguen a estar en esa situación, que sean ellos los que nos griten que casi ya los entubemos.

El féretro y la incertidumbre…

-Con las familias nosotros estamos muy impactados en el tema de las emociones, porque sabemos que un paciente que entra al hospital es probable que no salga más, que pueda salir en un féretro. Por eso creo que mucha gente ha evitado venir a los hospitales, porque saben que pueden quedarse solos y no quieren dejar a su familia.

-¿Y ustedes cómo lo llevan afuera?

-En esta familia tenemos dos médicos Covid: mi esposo y yo. Y tenemos hijas pequeñas. Igual no puedes tener mucho apoyo de la familia por el tema del confinamiento, como para decirles: “Te llevo a mis hijas a tu casa”. Nosotros lo que hemos hecho es no caer en pánico. Nos protegemos lo más que podemos con el equipo de protección bien colocado, con pasos adecuados, y tomando todas las medidas.   

-¿Demasiada carga emocional?

-Eso sí. Creo que hemos tenido que aguantar muchas emociones. Yo en lo personal mucha frustración por (se detiene un instante)… Yo quisiera ver que mueren menos. Hay un porcentaje no despreciable de pacientes recuperados, pero yo quisiera que fuera más alto, que muchos más hubieran sobrevivido esta enfermedad, porque me ha tocado ver familias que pierden más de una persona: estaba el papá hace una semana y ahora llegó el hijo. O el yerno. He tenido que autoregularme, buscar la manera de ser más tranquila en el sentido de no latigarme a mí misma, de no decir: “A lo mejor lo estamos haciendo mal”, y saber que lo hacemos lo mejor que podemos hacerlo. A algún paciente le implementamos un protocolo y le va muy bien y a otro no le va nada bien.