Conocida ya la información de lo sucedido en Culiacán el 17 de octubre, y ocurrido el terrible suceso de la familia LeBarón días después, veo que la principal de las conjeturas que planteé en mi artículo pasado sobre lo acontecido en la tierra de las mujeres más hermosas de México, Culiacán, Sinaloa, se cumplió en lo general: Atrás de todo, como siempre, está Estados Unidos. Cuando López Obrador tomó el poder decidió ejecutar una política de puertas abiertas a los migrantes, Trump dijo que no, ahora, también, le está diciendo que en México se aplica la política de balazos, no de abrazos.

1. La captura del joven Ovidio Guzmán, hijo de El Chapo, fue ordenada desde Estados Unidos a través de un juez del distrito de Brooklyn, y como dijimos aquí, la información sobre su ubicación física seguramente había sido proporcionada por la DEA, como ocurrió. De acuerdo con la versión aportada por el gobierno federal, esta orden de captura con fines de extradición fue acatada por una división del Ejército que se maneja de manera autónoma, por el sigilo en que deben ejecutarse esas operaciones. Con esta versión tenemos ahora nuevas certezas y nuevas dudas. La operación fue arruinada por alguien al servicio de los narcos dentro del Ejército o el poder Judicial que habló directamente con Iván Archivaldo, el hermano mayor de Ovidio y le informó que les “habían caído”, como dicen ellos. Pero aquí cabe la primera pregunta: Por qué el operativo lo efectuó el Ejercito, cuando es conocido que ciertos sectores del mismo han sido infiltrados por la delincuencia y no lo hizo la Marina, que siempre ha efectuado las capturas más exitosas, en un lugar de un cuerpo del Ejército, hasta entonces desconocido. El presidente fue informado con anterioridad de que en el momento propicio se iba a aprehender a esa persona, no puede ser de otra manera, y se vio forzado a acceder. Aquí convendría saber a cambio de qué. Y para su sorpresa, el mismo día que inaugura los trabajos del aeropuerto Felipe Ángeles en la base militar de San Lucía, que recibe al presidente de Cuba y que viaja a Oaxaca, es informado que, en cuanto habían capturado al joven Guzmán, sus compinches ya estaban encima de la casa en que se efectuó la captura, y estaban rodeados por cientos de ellos que habían roto a sangre y fuego el cinturón de seguridad establecido en los alrededores, que la ruta entera hacia el aeropuerto, por la que pretendían llevarlo para trasladarlo a Ciudad de México, estaba copada, al igual que todas las entradas a la ciudad, y que los criminales, que disponen de armamento de guerra de fabricación estadounidense, ya tienen soldados como rehenes y con pipas de gasolina rodean la unidad habitacional de los militares, donde ya se han metido a algunos departamentos y han capturado a personal militar. El presidente entonces decidió lo que todos conocemos por las  razones expuestas.

2. Que Estados Unidos controle por la fuerza la agenda política interna, en la mitad de nación que nos dejó desde el siglo 19, es algo antiguo pero muy vigente. Justo en nuestra frontera empieza para ellos su patio trasero. Algunas veces lo han hecho con la invasión, otras con la diplomacia, pero siempre con la rudeza que les confiere tener el ejército más grande y armado del mundo justo en nuestra cara.

3. Lo ocurrido a los LeBarón, muy cerca de la frontera con Estados Unidos y en los límites de los estados de Sonora y Chihuahua, crispó con justa razón a la nación entera por lo irracional y salvaje de la acción. La frontera de México con Estados Unidos sigue siendo uno de los sitios más peligrosos del mundo por la avidez de las drogas de los consumidores estadounidenses y por el enorme tráfico de armas que efectúan con los delincuentes de este país. La corrupción de todas y cada una de las agencias y cuerpos de seguridad de Estados Unidos que permiten el ingreso y la distribución de los estupefacientes a lo largo y ancho de todo su territorio, así como el lavado de dinero de buena parte de las ganancias de cientos miles de millones de dólares que el negocio proporciona son otras ventajas extras para los gringos, mientras que, ahora, a mormones estadounidenses expulsados de su territorio por prácticas de poligamia, les ha tocado sufrir la pena que siguen padeciendo miles de mexicanos que pierden la vida, resultan lesionados o desaparecen, así como la que padecen sus familiares.

4. Queda claro, también ya, que la regulación de la cannabis y la siembra y utilización de la amapola con fines médicos y científicos está siendo retrasada injustificadamente por un Congreso mexicano  que tiene varias iniciativas al respecto desde hace meses, y que ha sido urgido por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, de actuar en el mismo sentido, seguramente, también, por presiones estadounidenses, que quieren que México siga siendo el país que pone los muertos y compra las armas, mientras que en la mitad de la Unión Americana la marihuana ya es legal y florecen las corporaciones industriales que la producen y la comercializan, mientras que miran preocupados que Canadá, los rebasa ya y tiene la más grande del mundo de ellas con ganancias multimillonarias y altos pagos de impuestos.  

5. Desde los sucesos de Culiacán es claro que Estados Unidos fija ya la agenda de la seguridad interna de México, y a diferencia del asunto migratorio, en el que se pretendió resguardar a la economía mexicana, y el interés nacional, al proteger las exportaciones mexicanas de los efectos de la imposición de aranceles, lo que sumado a la falta de inversión por la política de cero corrupción y la erradicación de privilegios irracionales, como las del pago de salarios miserables y las condonaciones de impuestos, aunado a la recesión económica mundial, tendrían a México en este momento en una verdadera calamidad económica, por supuesto mucho mayor a la situación actual que mantiene, a pesar de la falta de crecimiento, estabilidad del peso, inflación en términos mínimos y políticas públicas sanas, considero que en el tema de la seguridad interna el presidente López Obrador debe anteponer el interés de los mexicanos y no ceder, de ninguna manera debe ceder. Precisamente el voto mayoritario de los mexicanos, que legítimamente recibió, fue para anteponer el interés nacional, y no puede haber duda al respecto.

7. Los ofrecimientos de Trump de arrasar a los delincuentes mexicanos en nuestro territorio en unos días no dejan de ser balandronadas electorales, en un momento en que el juicio político del Congreso estadounidense lo tiene muy preocupado y activo por encontrar apoyo de la sociedad de su país, pero alimenta el ánimo de la peligrosa y siniestra ultraderecha y los Halcones gringos. En México, sólo el extraviado presidente del PAN, públicamente manifiesta su beneplácito, pero lo secunda en silencio la mayoría de la rupestre derecha mexicana, que sigue creyendo a pesar del fracaso durante más de 12 años que se puede arrasar con un negocio multimillonario, que los más poderosos no desean, por convenir a sus intereses, que la realidad se trasforme de su contexto actual. Locuaces, fuera de tono y lugar, pero ubicando su infausta presencia, se oyeron las voces de algunos generales que encontraron propicio opinar, con criterios cavernícolas sobre temas que no les corresponden como subordinados de un Comandante en Jefe electo democráticamente por los mexicanos, defendiendo sus obsoletos y fallidos esquemas de guerra contra las drogas, y la política pública al respecto, que merecieron un críptico mensaje del presidente para recordarles que a diferencia de los tiempos de Francisco I. Madero, el pueblo de México hoy ya es otro.

6. Vivimos en México un momento coyuntural de la historia. Empezó hace apenas hace 11 meses con el cambio de gobierno, que prometió efectuar un cambio de régimen con una cuarta transformación de la vida política nacional. Si Estados Unidos termina de reimponer la política de la guerra y la ruta del Plan Mérida, cuyo fracaso para pacificar México no les importa porque su éxito está en las grandes ganancias y poder que le ofrece al gobierno de Estados Unidos, a sus bancos y a su industria bélica, tan aceitada por la poderosa Asociación Nacional del Rifle, que justifica aún los continuos tiroteos y matanzas dentro de la Unión Americana, los mexicanos estamos fregados, fastidiados, jodidos. Ninguno de los grandes cambios que permitan mayor bienestar por parte del nuevo gobierno puede desarrollarse realmente sin seguridad pública. El presidente López Obrador tuvo el voto de 30 millones de mexicanos, y mantiene aún a pesar de muchos que quisieran que tuviera en sus manos una varita mágica, un apoyo mayoritario de los mexicanos, por lo que mal haría en ceder y doblegarse en este trascendental tema.

Hay en la mesa, por ahora, sólo dos caminos, que se pueden emprender, el original de AMLO: En el corto plazo amnistía, legalización regulada de las drogas y consolidación de la Guardia Nacional y en el mediano plazo fin de la corrupción y de la complicidad de las autoridades de todo tipo con la criminalidad así como el combate de las causas que origina la pobreza y la desigualdad, que es el camino inteligente y bueno para México, o el irracional y bueno para Estados Unidos de continuar la guerra dentro de nuestro territorio. No hay por el momento más, porque aunque todo México clama contra la violencia, y todo el mundo opinan y condena airadamente, basta escuchar a comediantes como Héctor Suárez, entre rabietas, lugares comunes y frases hechas, pontificar que todos los presidentes, incluido el actual, son los mismo, lo que no es cierto, pero no escuchar ideas y conceptos integrales que pudieran construir una estrategia alternativa porque la academia y los expertos y estudiosos de seguridad mexicanos no han tenido aún la fuerza suficiente para presentarla. Dos caminos, desde mi humilde opinión, uno inteligente y sensato que parece abandonar ante las imposiciones y las adversidades el presidente López Obrador, o el irracional y desquiciado para México, pero altamente rentable para Estados Unidos de la guerra, por supuesto al interior de nuestro territorio, aunque Estados Unidos sea la causa principal de nuestro problema.