COYUCA, Gro., 15 de marzo de 2015.- Eva López no sabe cuántos años tiene ni recuerda en qué fecha nació, pero está segura que ya pasó los 90, que nadie en Santa Teresa es mejor costurera que ella y que su voz cuenta a la hora de “tirar madrazos” contra los comisarios en las reuniones de la pequeña comunidad rural, en Coyuca de Catalán.

 

 

Allá, en la región Tierra Caliente, el nombre de Eva López es ampliamente conocido por ser una mujer valiente, dicharachera, trabajadora, amante del campo y los animales, indetenible a la hora de defender las causas justas, voz obligada en la toma de decisiones y porque en su vieja máquina se confeccionaron los mejores vestidos que usaron las mujeres de Santa Teresa.

 

 

A sus 90 años, aun trabaja como costurera y la vista no le falla a la hora de pegar los botones y los cierres en el sitio justo.

 

 

Propietaria y cuidadora de varios animales, su consentida es una gallina chueca que quedó un tanto tiesa después de una terrible fiebre que casi la mata.

 

 

La gallina sobrevivió y permite que Eva la cargue a voluntad y la acaricie; igual los chivos, a los que todos los días alimenta y hace cariños como si fueran sus hijos.

 

 

Barre el corral, limpia la casa, camina por las calles del pueblo sin ayuda de nadie y saluda a todos sus vecinos como si fuera una chiquilla… y es que Eva López no carga a cuestas sus 90 años, al contrario, los disfruta.

 

 

Su cuerpo pequeño y delgado está lejos de ser frágil. Camina y trota como si tuviera 50 años menos y zapatea como cualquier jovencita cuando escucha la música de Coyuca de Catalán.

 

 

La piel morena, arrugada por las muchas décadas de vida, no hace mas que enmarcarle aún más la sonrisa y los ojos pícaros que oculta tras unas gafas de armazón negro.

 

 

En las fiestas es la primera en pararse a bailar y su presencia es indispensable para alegrar el ambiente. Esa es la escencia de Eva López.

 

 

Pero el toque distintivo es el sombrero tejido con gancho, siempre a juego con la bolsa de mano, tambien tejida y coquetamente colgada al hombro.

 

 

El viernes 13 de marzo fue una fecha especial porque recibió la visita de su nieto Jorge Camacho Peñaloza, del que las circunstancias la obligaron, hace 40 años, a cuidar como un hijo.

 

 

Eran muy pobres. A su nieto (al que llama hijo) lo crió en el campo, con muchas carencias. Le ensenó a cultivar, a cuidar de los animales y a ser un hombre de bien.

 

 

Recuerda que constantemente le advertía: “No robes, nunca robes ni siquiera un pan, porque yo misma te voy a cortar las manos”.

 

 

El viernes lo esperó ansiosa y cuando lo vió descender de la camioneta, fue la primera en correr hacia él.

 

 

Jorge Camacho hizo lo mismo. La abrazó y le dio un beso. Así permanecieron por varios minutos.

 

 

Eva López está orgullosa, porque su hijo salió de casa hace muchos años para triunfar y hoy es el candidato del PAN a la gubernatura de Guerrero.

 

 

Se acomodo el sombrero tejido (blanco y con un gran moño negro), se colgó la bolsa y apresuró a Jorge para caminar hacia el salón del pueblo, donde ya lo esperaban decenas de personas.

 

 

En el trayecto saludó a todos los vecinos y se sintió orgullosa de que el centro de atención fuese su hijo.

 

 

Al llegar al lugar del mitin, algunos amigos de la familia trataron de ayudarla a subir las escaleras, para ocupar un lugar sobre la tarima.

 

 

Orgullosa e independiente como sólo es Eva López, subió los escalones de un brinco, con más agilidad y velocidad que las personas jóvenes que subieron tras ella.

 

 

Se sentó al centro y cruzó ágilmente la pierna, sonrió y saludó a las personas que ya se aglutinaban en el lugar para acompañar el acto de campaña de su hijo.

 

 

Jorge subió, la abrazó y la besó. Después tomó el micrófono, saludó a la gente y señaló a su madre: “¿Ustedes conocen a Eva López?”, preguntó. “¡Sí!”, le respondieron al unísono los asistentes. “¿Cómo no la van a conocer?, ¡si es la primera que tira madrazos contra los comisarios en las reuniones!”.

 

 

Eva sonrió socarronamente y se encogió de hombros. Su hijo le extendió la mano y la invitó a levantarse para participar al micrófono.

 

 

El público aplaudió. Eva no es del tipo de mujeres que se amedrenta y se acercó segura.

 

 

“A nosotros nos conocen en este pueblo y saben que somos pobres, trabajadores y que no somos sin vergüenzas. Quiero que Jorge llegue a ser presidente de la república”, dijo y apretó los puños, “pero eso depende de ustedes”.

 

 

Entre aplausos, Eva López regresó a su silla en el templete y escuchó el discurso de su hijo. En todo momento mantuvo la pierna derecha cruzada sobre la izquierda y asintió con la cabeza en cada propuesta de campaña que se dijo al micrófono, convencida de que Jorge, el niño al que hace 40 años le enseñó a trabajar el campo, es capaz de gobernar el estado y, ¿por qué no?, también el país.

 

 

Al término del mitin, Eva bajó del templete con la misma agilidad con la que subió y comenzó a bailar “Todo el mundo con la mano arriba”, el tema promocional de la campaña política de su hijo.

 

 

Después bailó la canción Coyuca de Catalán: “Soy de Guerrero señores y por Guerrero me han de encontrar, soy pura Tierra Caliente aunque les parezca mal. Siempre traigo en el alma a ese bonito lugar. Que viva Tierra Caliente, Coyuca de Catalán”, se escuchó el son tradicional.

 

 

Ella se arremangó la falda y zapateó, balseó, giró y se sacudió. Es Eva López, el alma de Santa Teresa.