Tabaquismo: vicio mortal

Cada año, a nivel mundial, el tabaco mata a ocho millones de personas, como mínimo y varios millones más padecen cáncer de pulmón, tuberculosis, asma, enfermedades pulmonares crónicas, cáncer de estómago, de lengua, de riñón, de tráquea, de páncreas y hasta de vejiga, entre otras afecciones ocasionadas por esta perniciosa costumbre, casi nada, considerada la principal causa de muerte prematura de la humanidad, según la Organización Mundial de la Salud, OMS.

El amigo y asesor de esta columna, cirujano oncólogo Marco Antonio Terán Porcayo, fundador del Instituto Estatal de Cancerología Dr. Arturo Beltrán Ortega con sede en Acapulco, y director del mismo durante 20 años, afirma categórico que el tabaquismo es causante del 30 por ciento de todas las muertes por cáncer en el planeta y reitera que, si este vicio desapareciera de un momento a otro, en una generación se reducirían las afecciones oncológicas en esa misma proporción a nivel mundial.

En México, esta perniciosa costumbre afecta a 15.6 millones de personas, hombres y mujeres, según reveló la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2016-2017 y la edad de inicio al vicio se ha reducido hasta los 13 años, en hombres y mujeres.

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También es importante hablar del costo económico del tabaquismo ya que, si bien se estima que por impuestos al tabaco se captan alrededor de 70 mil millones de pesos, también se considera que se erogan 100 mil millones de pesos anualmente por la atención de los enfermos que causa el tabaquismo.

En tal sentido hay que resaltar que los impuestos al tabaco son el medio más rentable para reducir el consumo, sobre todo entre los jóvenes y la población de bajos ingresos, ya que un 10 por ciento de aumento de esos gravámenes reduce el consumo de tabaco en aproximadamente un cuatro por ciento en los países de ingresos altos y en cerca de un cinco por ciento en los países de ingresos medianos y bajos.

A pesar de ello, raramente se establecen impuestos elevados al tabaco. Solo 38 países, que representan el 14 por ciento de la población mundial, tienen impuestos que superan el 75 por ciento del precio al por menor.

Pero, ¿Qué orilla a la gente a fumar tabaco? Muchos investigadores han discutido las razones por las cuales la gente empieza a fumar y la mayoría de los resultados recaen en el ámbito psicológico y aseguran que la gente fuma por distintos factores. En la adolescencia los chamacos fuman por el deseo de parecer más adultos y por la búsqueda de estatus, por la nueva experiencia y por curiosidad; mientras que los adultos fuman para reducir la tensión, por simple adicción o ánimo de socializar.

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Por otra parte, se dice que es más probable que el tabaquismo se inicia en la adolescencia: mientras más joven es una persona que empieza a fumar será más probable que se vuelva adicta a la nicotina. En 2012, la American Cancer Society aseveró que muy pocas personas se inician en el tabaquismo después de los 25 años.

También la industria tabacalera gasta miles de millones de dólares para crear anuncios de mercado que muestran consumo de tabaco como emocionante, glamoroso y seguro; aunado a esto, la gente tiene otras razones personales para fumar, como relajarse o como apoyo emocional, cuando las cosas van mal o simplemente porque les gusta el sabor del cigarrillo. Al final de su jornada laboral la gente se sienta a fumar, se toma un café o un trago, también se fuma cuando requieren un descanso o un momento para ellos mismos, cuando están preocupados por los gastos de la casa o por problemas personales. La sociabilización también es relacionada con el tabaquismo: fumar con otras personas es muy común ya que se “dan valor” con el cigarro e inician conversaciones con gente nueva, sienten que se ven más confiados y que tienen el control. También fuman para mejorar el ánimo y es que, a muchas personas, el hecho de fumar un cigarro les ayuda a continuar con su rutina cuando han trabajado en algo por mucho tiempo o que les da ánimo cuando se aburren. El hábito también es un factor importante: todos conocemos una persona que prende un nuevo cigarrillo, aun y cuando no han terminado de fumar el que tienen encendido, es decir que lo prenden automáticamente; siempre que leen, van al baño o contestan el teléfono, o cuando toman café o realizan un trabajo rutinario de oficina. Estas son algunas de las múltiples razones por las que la gente fuma.

La tecnología y su influencia en esta época también está favoreciendo al tabaquismo, ya que han aparecido los llamados “productos de tabaco calentados” (PTC): aerosoles que contienen nicotina y otras sustancias tóxicas al calentar el tabaco o activar un dispositivo que lo contiene, esto es que a través de un dispositivo el consumidor inhala el aerosol por succión o aspiración. Estos aerosoles, que suelen ser aromatizados, contienen nicotina e incluso otros aditivos no contenidos en el tabaco. En julio de 2019, los PTC’s se comercializaban a través de internet, en eventos promocionales, tiendas de marca, supermercados, centros comerciales y redes sociales.

Artilugios electrónicos: más dañinos que el mismo tabaco

Aunque se presentan como productos que reducen los riesgos, no hay pruebas de que los PTC sean menos nocivos que los productos de tabaco convencionales porque contienen sustancias que no se encuentran en el humo de los cigarrillos y pueden afectar a la salud. Se estima que estos productos contienen más de 20 sustancias perjudiciales o potencialmente dañinas en cantidades significativamente superiores a las contenidas en humo de los cigarrillos convencionales. Además, se trata de productos muy inestables y algunas de las sustancias tóxicas que emiten son cancerígenas. Si bien se conocen los daños que pueden causar estas emisiones, no se han recogido todavía suficientes datos sobre sus efectos en los fumadores pasivos, y es necesario realizar estudios independientes al respecto.

El tabaco es intrínsecamente tóxico y contiene sustancias cancerígenas, incluso en su forma natural. La OMS considera que, como todas las formas de consumo de tabaco, los PTC son perjudiciales. Otros dispositivos conocidos como “sistemas electrónicos de administración de nicotina” (SEAN) no son productos de tabaco porque no lo contienen, aunque contengan nicotina. A pesar de ello, constituyen un grave problema de salud pública. Se trata de dispositivos que, al calentar una solución, generan un aerosol que es inhalado por el usuario. Los principales ingredientes de estas soluciones son: propilenglicol, con o sin glicerina, y algunos aromatizantes. Los cigarrillos electrónicos, conocidos aquí como ‘vapeadores’, plumas de vapor o pipas de agua electrónicas, se distinguen en la forma en que producen sustancias tóxicas y suministran nicotina, debido a diferencias de diseño, el voltaje de la batería, los circuitos, las posibilidades de modificación y la posibilidad de adaptarlos para usar sustancias distintas a la nicotina. Las ventas de estos vapeadores han crecido rápidamente desde su entrada en el mercado en 2012 y también se ha incrementado mucho su publicidad, mercadotecnia y promoción por canales que dependen en gran medida de internet y las redes sociales; lo preocupante es que en la publicidad sobre estos productos se incluye información falsa o engañosa sobre supuestos beneficios para la salud y su uso para dejar de fumar, que está dirigida a la población joven. Todavía no se conocen los efectos a largo plazo de los SEAN, aunque han trascendido ya diversas informaciones de jóvenes fallecidos por utilizar tales artilugios.

Concluimos en esta ocasión, reiterando lo que señalamos al inicio: el tabaquismo, en cualquiera de sus formas, presentaciones o modalidades es la principal causa de muerte prematura de la humanidad. Tal aseveración, distinguido lector, es un hecho y debiese ser considerada por todos los fumadores.

P.D. No lo mencionamos, pero ya usted muy seguramente lo sabe: todos los fumadores, independientemente de sexo y edad, tiene un aliento, simplemente fétido, aunque se laven la boca cien veces.