Avances reales contra el cáncer

El cáncer acompaña a los humanos desde los orígenes de la especie. Es conocido desde las primeras civilizaciones: los egipcios lo mencionan en papiros datados en 1600 años A.C. e Hipócrates, considerado el padre de la medicina, lo tenía plenamente identificados e incluso denominaba “karkínos” o cangrejo en español, a los diferentes tumores, tal vez haciendo referencia a la dureza del caparazón de ese animal o posiblemente a las pinzas que se “enganchan” a los tejidos y los invade; esto, 500 años AC.

El cáncer nos ha acompañado siempre.

Desde aquellos tiempos y hasta la fecha, el cáncer ha sido y aún es considerado por muchos, el primer azote de la humanidad, aunque existan otros males que incluso maten más personas que cualquier tumor maligno, pero el caso es que en general el cáncer nos aterra y ciertamente cuando nos dicen que algún ser muy querido lo padece, casi automáticamente pensamos en una inminente y terrible muerte, llena de dolores y sufrimiento y sin la menor posibilidad de curación.

Afortunadamente, esto ya no es así, dado que la ciencia ha logrado desentrañar muchos de los secretos del padecimiento y es un hecho que en la actualidad es curable hasta en un 80%, según nos informa el Dr. Marco Antonio Terán Porcayo, prestigiado cirujano oncólogo, oriundo de Arcelia, Guerrero. El médico destaca que: si bien ya existe la tecnología para alcanzar esa cifra de curación, tales procedimientos, casi siempre relacionados con asuntos genéticos y con novedosas moléculas de sofisticados productos químicos, solo se encuentran disponibles al público abierto de países altamente desarrollados y por su elevado costo, usualmente se costean a través de pólizas de seguro o por personas definitivamente acaudaladas. Esto igualmente se puede ver en México, aunque en mucho menor medida, porque también aquí existen instituciones privadas donde se aplican tales tecnologías, cuyos costos son cubiertos con seguros, de forma similar a los países desarrollados que refería. La diferencia es que en nuestro país, como bien sabemos, es poco generalizada la cultura de los seguros de vida o médicos y por lo general estas pólizas se compran previendo accidentes viales y más específicamente, para pagar daños a terceros ocasionados por tales percances.

Y es en este marco de “terror oncológico”, omnipresente en todo el mundo, pero más aún en países de bajo nivel educativo, como el nuestro, que casi a diario aparecen a la venta todo tipo de productos o curas milagrosas para derrotar al “maldito cáncer”, las cuales no sirven para nada o incluso pueden ser dañinas para un paciente oncológico, pero enormes ganancias con tales engaños y es en este confuso entorno en el que se torna vital ofrecer información veraz sobre tan difícil tema, para que la gente, enferma o no, evite caer en tan dañinos fraudes.

Doctor Marco Antonio Terán Porcayo, asesor de esta publicación.
Doctora Nélida Barrera López, asesora de esta publicación.

Menciono lo anterior porque un buen amigo me preguntó sobre el origen y la validez de mis comentarios sobre este sensible tema de salud, dado que no soy médico, entonces aprovecho para comentarle a mi escéptico lector que durante casi dos décadas, laboré en el Instituto Estatal de Cancerología de Guerrero, manejando precisamente las comunicaciones públicas de esa antaño grande y prestigiada Institución y en ese lapso desarrollé una gran amistad con el Dr. Terán y su colega, la Dra. Nélida Barrera, “Nelly”, quienes me honran calificando mis escritos sobre el tema antes de publicarlos y he de decirles con orgullo, amigos lectores, que recibo pocas correcciones de parte de mis “asesores de lujo”; así que dicho lo anterior procedo a ofrecerles a ustedes información sobre un importante avance tecnológico que incrementará aún más la tasa de curación  de la enfermedad maligna y seguramente de muchos otros padecimientos, se trata de “Nanodispositivos para la vacunación contra el cáncer”.

Las vacunas entrenan al sistema inmunológico para que elimine los patógenos que entran y dañan el cuerpo humano y es un hecho reconocido que las vacunas han salvado muchas vidas a lo largo de su corta historia. Así, las vacunas contra el cáncer están diseñadas para prevenir y combatir los tumores, provocando una reacción inmune del organismo contra un tumor específico.

El gráfico muestra con claridad el proceso de los nanodispositivos aquí referidos.

Existe una lista creciente de antígenos y adyuvantes asociados a tumores identificados, así como un mayor conocimiento de la inmunología del cáncer, lo que impulsa los avances en el desarrollo de vacunas contra las neoplasias; sin embargo, los resultados, tanto de las vacunas profilácticas o preventivas como de las vacunas terapéuticas contra el cáncer, hasta ahora no han sido lo exitosas que se esperaban porque los componentes de la vacuna no se “entregan” adecuadamente a las células, ya sea en la cantidad o en la demanda requerida, básicamente porque no existía un medio que garantizara la entrega suficiente de componentes de la vacuna y/o los liberara bajo demanda celular; es decir, que a la célula enferma no le llega la cantidad necesaria de medicamento o no se libera dentro de la célula en la cantidad y periodicidad necesaria.

Sin embargo, según publicación de la revista “Nature Materials”, el Dr. Baoquan Ding, investigador principal en el Centro Nacional de Nano Ciencia y Tecnología de China y sus colegas, desarrollaron una vacuna contra el cáncer basada en un nanodispositivo fabricado con ADN que se puede transportar de manera eficiente a los ganglios linfáticos de drenaje para entregar antígenos tumorales a las células y estimular una respuesta inmune antitumoral.

La vacuna se diseñó anclando los medicamentos en un nanodispositivo tubular basado en ADN que encapsula los medicamentos y se inyectan al conducto ganglionar del enfermo y gracias al complejísimo diseño de las nanocuadrículas referidas, los cilindros buscan, las células dendríticas y tras detectarlas se abren e inician la liberación de sus componentes al ritmo o frecuencia programados para la célula que enfrentará la enfermedad, potencializando así el tratamiento.

Los primeros resultados en pruebas de laboratorio realizadas en ratones enfermos son sumamente alentadoras porque no solo mejoraron los índices de curación, sino que generaron una “memoria” genética en el cuerpo que recibió el tratamiento, logrando una inmunidad a largo plazo contra el tipo específico de cáncer que se trató con los nanocilindros.

Esto sí vale la pena que sea difundido y sin duda es una esperanza firme para los futuros pacientes oncológicos.