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El fracaso del Pacto por México

Ricardo Mejía Berdeja
 
| 06 de julio de 2016 | 8:00
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El 2 de diciembre de 2012 se selló uno de los acuerdos que más ha agraviado al país: el Pacto por México que implicó la imposición de las llamadas reformas estructurales y un esquema de acuerdos tripartitas que hoy tiene sumido al país en una crisis económica, política, social y de derechos humanos.

Este Pacto fue firmado por el presidente Enrique Peña Nieto con el PRI (representado por Cristina Díaz), el PAN (representado por Gustavo Madero) y el PRD (representado por Jesús Zambrano, una de las cabezas de los llamados Chuchos).

Corrían los días del triunfalismo del nuevo gobierno federal y la sumisión de las otras fuerzas políticas (PAN y PRD) al nuevo Tlatoani con base en acuerdos escritos y no escritos. Por esos días una encuesta de El Universal, elaborada por Buendia & Laredo, en febrero de 2013 le otorgaba a Enrique Peña Nieto una aprobación del 56 por ciento y un nivel de reprobación de 29 por ciento. En plena euforia propagandística medios internacionales llegaron a hablar del “momento de México”

Desde el principio, sin embargo, varios legisladores y opositores advertimos la gran falsedad que entrañaba el Pacto por México y el perfil privatizador, antisocial y excluyente de las denominadas reformas estructurales. Éramos una minoría en ese momento, pero no bajamos la guardia ni dejamos de denunciar los excesos del Pacto por México. El tiempo nos ha dado la razón.

Una a una se fueron imponiendo las reformas estructurales, con una mayoría insensible del PRI, PAN y PRD y un aparato de propaganda digno del salinismo: primero fue la educativa, siguieron la de telecomunicaciones, la financiera, la fiscal, la política, la energética, entre otras.

En su momento, en la plenitud de la Pactocracia, escribí en La Silla Rota:

“El Pacto por México se ha convertido en un lastre para la democratización del país y en una muralla de contención al diálogo social. En un cónclave cerrado se definen temas y leyes por encima del Congreso de la Unión y de la interacción con los sectores sociales involucrados en las reformas que se construyen. Es mentira que en el Pacto por México se construyen acuerdos en beneficio de la población, es un instrumento para imponer un proyecto entreguista y excluyente.

El Pacto por México es un supremo poder conservador que ha servido para edificar el culto a la personalidad del Ejecutivo y es, sin duda, la palanca de la restauración autoritaria del PRI de hoy. El Pacto por México se ha convertido en un aparato de legitimación para dar la imagen de que se avanza en el país cuando sus primeros productos, como la reforma educativa, han generado más problemas que soluciones.

De manera centralista desde el Pacto por México se imponen leyes, se pisotean los procedimientos parlamentarios en la Cámara de Diputados y se dicta línea para reprimir movimientos sociales. Es un instrumento del fascismo y de la anti politica, es el ‘ni los veo, ni los oigo’ de este nuevo salinismo autoritario e inconsulto”.

“Todas las decisiones que afectan a la población han sido acordadas por esos institutos políticos -el aumento de impuestos, los gasolinazos, la política fiscal recesiva, el crecimiento de la deuda pública-, cuya diferencia es únicamente en términos de los espacios de poder que se disputan en los comicios estatales, pero los acuerdos en temas de trascendencia los emparejan, los hermanan, los convierten en los hechos en un solo agrupamiento votando todo al unísono en los cuerpos legislativos.

Si hoy el país mantiene graves niveles de inseguridad y de descomposición política y social, con un peso que se ha devaluado más del 26 por ciento con relación al dólar, para lindar el tipo de cambio de 17 pesos por dólar (actualmente casi 20 pesos); si hoy existen dos millones de pobres más que cuando arrancó el sexenio; si hoy la impunidad y la corrupción prevalecen con casos emblemáticos y vergonzosos como La Casa Blanca, Oceanografía, Malinalco, OHL, Grupo HIGA-Hinojosa, entre muchos otros; si los aparatos de inteligencia y seguridad nacional han sido infiltrados y corrompidos como se demostró con la fuga de El Chapo; si prevalecen las violaciones a los derechos humanos con Ayotzinapa y Tlatlaya como signos de la violencia de Estado, todas estas situaciones son corresponsabilidad del entramado de partidos del Pacto por México que han prohijado esta situación”.

Lo dijimos y advertimos a tiempo. El Pacto por México y las reformas estructurales por sus contenidos y por la manera como fueron impuestas alentarían la polarización, la exclusión y el deterioro económico, político y social del país. Además, estas reformas se basaron en mentiras, como las relativas a los supuestos beneficios de la reforma energética que acabaría con los gasolinazos y los aumento de las tarifas de la luz. Apenas estos días volvieron esos nefastos incrementos, confirmando las mentiras de los cuantiosos spots que publicitaban la reforma energética.

La última encuesta de El Universal de Buendía & Laredo publicada este 4 de julio confirma que frente a los hechos no hay propaganda que valga. Hoy sólo el 29 por ciento de los mexicanos aprueba la gestión presidencial de Enrique Peña Nieto, y el 63 por ciento lo reprueba. Los ciudadanos señalan que lo peor que ha hecho hasta ahora el Presidente son las reformas estructurales con un 17 por ciento, lo que viene a confirmar el fracaso del Pacto por México y que las tan publicitadas reformas lejos de beneficiar a la población le han ocasionado mayores problemas y carencias. El tiempo acaba poniendo las cosas en su lugar.

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