
Teléfono rojo
Pasarela judicial
Arrancaron las campañas del proceso electoral para renovar al Poder Judicial, en lo que, más bien, se ha convertido en una pasarela descarada de aspirantes a jueces y magistrados, por un lado porque el INE determinó que las candidatas y los candidatos no podrán hacer uso de recursos públicos o privados, por lo que no les quedan más que los propios, es decir, cada quien se rascará con sus propias uñas, aunque sí definió el órgano electoral topes de gastos de campaña, como si hubiera alguien que los fuera a fiscalizar, una burla más de una elección que, desde un inicio, fue una farsa para apropiarse del Poder que le faltaba a Morena para perpetuar su hegemonía, esa que se ganaron por la buena en las urnas y que ahora están garantizando conservar a la mala.
Desde las primeras horas del domingo 30 de marzo, tres mil 422 candidatas y candidatos comenzaron a desfilar en redes sociales con publicaciones no pagadas, buscando que el electorado los ubique, por lo menos, para que cuando llegue a votar, los muy pocos que acudirán a hacerlo, tengan una mínima noción de por quién sufragar.
Y cuando digo que muy pocos de los casi cien millones de mexicanos inscritos en la lista nominal acudirán a ejercer su voto es porque, para empezar, nadie sabrá quiénes son los que estarán en las boletas, las cuales son más complicadas de llenar que una planilla de bingo doble y, por favor, no me digan que existe una plataforma denominada “Conóceles”, donde el INE subió la información del 97 por ciento de los que aspiran a un cargo, porque tendría uno que estar realmente desquehacerado (hasta que se me hizo escribir esta palabra en un texto) para tener tiempo para eso.
De cualquier manera, es poco o nada lo que se puede hacer para darse a conocer en tan poco tiempo, bajo estas circunstancias, por eso es que, más de alguno, lejos de explicar su bagaje como jurista, tendrán que aprender a moverse al ritmo de moda como el “Báilalo Rocky” o aventarse una rutina de stand up, porque eso es a lo más que pueden aspirar.
No sé ustedes amigas y amigos lectores, pero apenas nos estábamos acostumbrando a esas ridiculeces por parte de los políticos, resignados nosotros a que durante tres o seis años ostentarían un cargo de elección popular y luego, en teoría claro, dejan el hueso, porque ahora con la reelección y los chapulineos, se mantienen viviendo a expensas del erario público, es decir, de nosotros, los que pagamos impuestos.
Pero tengo que hacer una aclaración, no todos son unos desconocidos, existen tres aspirantes a presidir las Suprema Corte de Justicia de la Nación, las cuales sí son reconocidas, pero no por las mejores razones, me refiero a Lenia Batres, hermana del director del ISSSTE y ex Jefe Interino de la Ciudad de México, Martí Batres; a la ministra plagiaria (ya se le quedó), Yasmín Esquivel y a Loretta Ortiz, otra incondicional de la 4T; quienes no han dejado de hacer campaña desde hace meses y nadie les dice nada, obviamente.
Quizás no hoy, ni mañana, pero algún día, se va a arrepentir la gran mayoría de los que votaron por Morena y, por ende, por su afán desmedido de poder, de revancha ante la autoridad judicial, que, con todo y sus errores, había sido la única instancia qué le había podido poner un alto a la aplanadora que, aun así, logró destruir proyectos e instituciones que se tardaron años en construir, para dar transparencia al ejercicio público de recursos, autonomía a organismos ciudadanos y contrapesos al poder, todo al caño, en sólo un sexenio.
La decisión ya está tomada, quienes integran las listas de candidatas y candidatos ya fueron palomeados por los operadores políticos morenistas, así que la elección judicial es un mero trámite para legitimar algo que no tiene ni pies ni cabeza. Por más quieran hacerlo parecer como un ejercicio inédito de democracia es todo lo contrario y cualquiera que tenga dos dedos de frente sabrá que, de ahora en adelante, los procesos electorales serán ya un mero circo, en el que sólo tendrán cabida los payasos y las focas aplaudidoras.