GUANAJUATO, Gto., 25 de agosto de 2016.- Carmen era conocida por haberse dedicado a la brujería. Su leyenda cuenta que tuvo que vender su alma al diablo a cambio de la eterna juventud, razón por la cual fue enterrada viva atada de manos, por dedicarse a la magia negra.

Vivía en un callejón de la Cabecita, cerca del panteón Santa Paula, camposanto histórico en el municipio de Guanajuato del que se extrajeron 118 cuerpos momificados naturalmente, todos exhumados en 1865.

La Bruja, forma parte de la colección de 36 cuerpos del Museo de las Momias Viajeras, situado en el Parador Turístico Sangre de Cristo, un centro de atención a visitantes, en lo alto del Cerro del Cubilete.

Se le llaman momias viajeras debido a que formaron parte de una colección itineraria durante cuatro años por el estado de Michigan, el museo de ciencias de Detroit, entre otros, en Estados Unidos; sin embargo, fueron recuperadas y traídas de vuelta al estado de Guanajuato para permanecer en exhibición.

Se dice que toda persona que tuvo problemas con Carmen, terminó su vida en desgracia; otro mito del Museo de las Momias Viajeras, fue que en ese entonces, la bruja fue expulsada varias veces por ser sorprendida recogiendo huesos de cadáveres.

Es por eso que personal del museo optó por ponerle barrotes de fierro a su vitrina, como un símbolo de protección, pues se creía que con el metal cortaban sus poderes malignos a las hechiceras.

En un recorrido realizado por Quadratín México a este destino turístico colonial y considerado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO hace más de 28 años, se pudo comprobar que visitantes, nacionales y extranjeros, cuelgan en la parte de arriba tradicionales santos Rosarios que contiene los principales misterios de la religión Católica, para que su Dios la perdone y descanse en paz, pues se cree que su alma todavía anda vagando por el lugar.

Aún conserva su cabellera y su vestimenta en perfectas condiciones, como si hubieran pasado poco tiempo y no más de 150 años que datan de haber sido desenterrada.

También se dice que aparecieron marcas de rasguños en su vitrina y marcas de hollín en el techo del último lugar donde estuvo, leyenda confirmada por el Instituto Estatal de Cultura de Guanajuato (IEC).

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