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CHILPANCINGO, Gro., 7 de octubre de 2025.- Siete sacerdotes de la Iglesia católica han sido asesinados en esta entidad en los últimos 11 años.
El último crimen es el del padre de la localidad de Mezcala, municipio de Eduardo Neri, Bertoldo Pantaleón Estrada, hallado muerto a balazos este lunes 6 de octubre, luego de que fue reportado como desaparecido el sábado 4.
Públicamente, por notas periodísticas que ha documentado Quadratín Guerrero, se conoce del asesinato de siete sacerdotes en el lapso de 2014 a 2025, y la mayoría de los casos ha ocurrido entre las regiones Tierra Caliente, Centro y Norte del estado.
Primero, en febrero de 2014, el padre José Damián Hernández Veloz, párroco de Villa Nicolás en Ciudad Altamirano, fue asesinado cuando circulaba cerca de San Antonio de los Libres, municipio de Ajuchitlán del Progreso, en la Tierra Caliente.
El misionero ugandés, John Ssenyondo, quien se encontraba en la diócesis Chilpancingo-Chilapa fue secuestrado por hombres armados el 30 de abril de 2014 en el poblado de Nejapa, Chilapa, y sus restos fueron localizados el 28 de octubre del mismo año en una fosa común del municipio de Cocula, cuando se hacían las búsquedas por los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa.
En ese mismo 2014, pero el 21 de septiembre, fue secuestrado el sacerdote José Ascención Acuña Osorio, párroco de la iglesia de San Miguel Totolapan. Días después, su cuerpo fue localizado sin vida en el río Balsas, cerca del pueblo de Santa Cruz de Las Tinajas del mismo municipio de la Tierra Caliente.
Otro padre que fue asesinado en 2014, fue el sacerdote Gregorio López Gorostieta de la diócesis de Altamirano.
El padre Goyo, como se le conocía, fue privado de su libertad el 21 de diciembre de 2014 por personas armadas que ingresaron al seminario de Altamirano, y cuatro días después en plena Navidad, el sacerdote fue localizado muerto con un balazo en la cabeza.
En 2018, los padres Iván Añorve Jaimes y Germaín Muñiz García fueron asesinados cuando regresaban de la comunidad de Juliantla, municipio de Taxco.
El padre Germaín Muñiz pertenecía a la diócesis Chilpancingo-Chilapa, y era párroco en el poblado de Mezcala, Eduardo Neri, mismo lugar donde el párroco Bertoldo Pantaleón estaba inscrito.
Mientras que el padre Iván Añorve Jaimes formaba parte de la Arquidiócesis de Acapulco y era párroco de la iglesia La Sagrada Familia, ahora municipio de Las Vigas.
Aparte de estos crímenes, en las primeras horas del 18 de octubre de 2023, el sacerdote José Filiberto Velázquez Florencio fue atacado a balazos cuando circulaba por la carretera Tixtla-Chilpancingo, pero salió ileso.
De las tres diócesis y una Arquidiócesis que existe en Guerrero, la de Chilpancingo-Chilapa ha sido la más polémica, porque sus párrocos y obispos han alzado la voz ante la inseguridad y violencia que enfrentan municipios de las regiones Centro, Sierra y Norte del estado, donde esa diócesis tiene presencia.
En 2015, a su llegada a la diócesis Chilpancingo-Chilapa, monseñor Salvador Rangel Mendoza ganó notoriedad pública a nivel nacional por sus polémicas declaraciones en cuanto a la violencia causada por grupos del narcotráfico y, porque acusó que varios políticos guerrerenses tenían presunta relación con grupos delictivos.
Salvador Rangel Mendoza en varias ocasiones declaro públicamente que él en su calidad de obispo tuvo que intervenir para pacificar municipios y en algunos casos para salvar la vida de sacerdotes que presuntamente fueron “condenados a muerte” por el crimen organizado.
Otro padre de la diócesis Chilpancingo-Chilapa que también ha alzado la voz es el padre Filiberto Velázquez Florencio, quien en febrero de 2024, declaró públicamente que él fue mediador para lograr la tregua entre los grupos delictivos que disputan la capital de Guerrero, luego de que en ese año hubo ataques violentos al transporte público y que dejaron personas muertas en la región Centro y la suspensión del servicio.
Este martes, tras el asesinato del padre Bertoldo Pantaleón Estrada, el obispo de la diócesis Chilpancingo-Chilapa, José de Jesús González Hernández señaló que existen algunas zonas de Guerrero donde los párrocos no pueden ingresar, sin dar detalles de los municipios que sean ni se los lugares inseguros, sólo afirmó que: "Si entramos, ya no salimos".
En el caso de Acapulco, el arzobispo Leopoldo González González también ha declarado sobre temas políticos y sociales.
Mientras que las diócesis de Ciudad Altamirano con presencia en municipios de la Tierra Caliente y la diócesis de Tlapa en La Montaña de Guerrero, hasta el momento se han mantenido al margen de los temas sociales que acontecen en esos municipios.