La endeblez ideológica

El primero de los tres debates de los candidatos presidenciales, será el próximo domingo, que serán decisivos para que los perplejos decidan por cuál de ellos votar.

De acuerdo con los sondeos de opinión, Andrés Manuel López Obrador está muy arriba de Ricardo Anaya y de José Antonio Meade, los otros dos candidatos “competitivos”. Sin embargo, en las dos anteriores candidaturas del tabasqueño este fue alcanzado y rebasado en los últimos dos meses de campaña, quizá por sus declaraciones en contra del sistema político, tan arraigado en nuestro país y que paradójicamente surgió de una revolución conservadora: El PNR (el PRI de hoy) fundado por Plutarco Elías Calles en 1929, y el PAN por Manuel Gómez Morín en 1939 como expresión política de la democracia cristiana, representan al centrismo, ya que la izquierda en México es una simulación demagógica, una pavesa, por su debilidad y apacibilidad.

El PRD, como Morena, está colocado en la misma posición, en el centro político. Fingen, sus dirigentes,  ser izquierdistas, buscando los votos de quienes consideran que México está urgido de un cambio que de fin a la corrupción que viene arrastrando desde que se independizó de España.

Si Andrés Manuel López Obrador llega a ser presidente de la República, sería tan neoliberal como los priistas Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo y Enrique Peña Nieto y los panistas Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa, pues la globalización de la economía no permite salirse de la pauta.

El problema estribaría en que mientras convence a los poderes fácticos  de México y a los señorones de la economía internacional que sólo es un populista en lo electoral, o sea un  fingidor, habría una fuga de capitales que desestabilizaría la economía nacional, con la consabida, en estos casos, inflación-devaluación monetaria, que nos remitiría a los dos periodos presidenciales encabezados por los populistas Luis Echeverría Álvarez y José López Portillo, de cuyas crisis económicas aún no nos recuperamos.

Por ello la importancia de los tres debates organizados por el Instituto Nacional Electoral.

De esas tres confrontaciones políticas emergería, en muchos posibles electores, la decisión que aún no encuentran.

El alto porcentaje de indecisos, reflejado en las encuestas, podría alterar los resultados de la jornada electoral del 1 de julio, pues como se ha dicho de los sondeos de opinión, “sólo son una foto del día”.

Y los debates suscitarían cambios de opinión, pues ante la endeblez ideológica, nada está escrito con tinta indeleble.