La Segunda Vuelta Electoral

La renuncia de Margarita Zavala a la candidatura independiente a la Presidencia de la República tiene una explicación: las encuestas hicieron perceptible sus pocas posibilidades de triunfo.

¿Entonces, para qué perder tiempo, esfuerzo y dinero ni no tiene una opción de triunfo?, lo que hace de su dimisión una acción inteligente: durante los próximos seis años podría trabajar para armar una figura política que le permita ser competitiva en las próximas elecciones presidenciales, ya sea formando un nuevo partido o aceptando ser postulada por alguna institución política con registro.

Lamentablemente, la señora  Zavala aún no ha apoyada a alguno de los tres candidatos con opciones de triunfo:

Andrés Manuel López Obrador, el puntero; Ricardo Anaya Cortés, el segundo en las preferencias electorales, y José Antonio Meade, el tercero.

Si la excandidata pide a sus seguidores que voten por cualquiera de los dos adversarios de AMLO que tienen participación objetiva, la candidatura del favorecido aumentará de dos a tres puntos porcentuales, lo que podría decidir el segundo lugar y dar fuerza al voto útil en detrimento de las aspiraciones presidenciales de quien por ahora  parece tener asegurada la victoria electoral.

Si Jaime Rodríguez Calderón, el candidato independiente (en el último lugar según las encuestas publicadas) sigue el ejemplo de Margarita Zavala, renunciando y mandandoun mensaje a sus seguidores de votar por alguno de los otros candidatos, estaríamos ensayando la segunda vuelta, tan necesaria para el fortalecimiento de nuestra democracia, y que seguramente será incluida en la tan esperada próxima Reforma Electoral.

La segunda vuelta daría fin a la preponderancia de un partido político, como lo fue el PRI durante décadas y sería Morena si Andrés Manuel López Obrador ganara la Presidencia.

Las Reformas Políticas anteriores colocaron a México entre las naciones democráticas: el priísta Adolfo López Mateos, presidente de 1958 a 1964, le dio representación en la Cámara a los Diputados de Partido, de una oposición obsecuente que recibía migajas en una democracia simulada.

Otro priísta, José López Portillo, llegó a la Presidencia (1976-1982) como candidato único, lo que fue una vergüenza para nuestro país, y sobre todo para él, que pecaba de ególatra. Autorizó a Jesús Reyes Heroles, su secretario de Gobernación, la Reforma Política que dio representación a la oposición en el Congreso: diputados y senadores plurinominales y permitió el registro de los partidos políticos socialistas y de izquierda.

Y, por último, Carlos Salinas de Gortari dio forma y ciudadanizó el Instituto Federal Electoral, para que el gobierno federal ya no fuera el árbitro de las elecciones.

Esto último nos ubicó en una democracia aún perfectible.

Pero no nos conformemos: la Segunda Vuelta Electoral sería un paso de gigante.

¿Por qué no debatirlo?