Los octópodos pulpos del crimen

El robo en Acapulco, como en el resto del estado, tiene un crecimiento exponencial; es decir, su ritmo aumenta cada vez más rápido.

Sin embargo, en un estado en donde la violencia del crimen organizado tiñe de rojo el territorio, el robo es un “delito menor en el que no hay que perder tiempo”. Esta última, debemos tomarla como una expresión de la desfachatez gubernamental.

¿Por qué?

La policía municipal encargada de la prevención del delito es ineficaz y se mantiene a gran parte de ella bajo la sospecha de estar al servicio del crimen organizado.

La Policía Ministerial Estatal no investiga ni detiene a La mayoría de quienes delinquen, entonces, la impunidad impera como si Guerrero fuera una entidad sin ley. Laissez faire, laissez passer  (Dejar hacer, dejar pasar) parece ser su divisa.

La violencia del crimen organizado y los muchos asesinatos que cotidianamente se cometen y que llenan las secciones de nota roja de los medios impresos y digitales, y son de tono alto en lo noticiarios de radio y televisión, se soslayan, irresponsablemente, por ser delitos federales el narcotráfico y el uso de las armas exclusivas de las Fuerzas Armadas. Las autoridades locales dejan a las policías de la federación la responsabilidad de combatirlos.

Pero hay que reconocer que últimamente la Policía Preventiva Estatal Acreditable del Estado de Guerrero, haciendo las funciones que corresponden a la Policía Preventiva Municipal de Acapulco,  tiene más éxito en la vigilancia que previene los delitos. Esta corporación policiaca es algo que no debe satisfacer al gobernador Héctor Astudillo Flores. Falta aún más, mucho más, por hacer.

Fundada hace siete años, el actual gobernador ha impulsado esta corporación, aumentando el número de efectivos, dotándola de más patrullas y armamento. Pero solo es el inicio del largo camino del combate al crimen.

Pero volvamos al robo, delito  que continúa in crescendo en Acapulco.

Todos sabemos que los trabajadores están a merced de los asaltantes, cotidianamente pero en especial los días en que cobran su salario, sobre todo en las colonias populares, en donde hay poca vigilancia policiaca.

Sabemos también que algunas unidades de taxis azules son utilizadas por choferes asaltantes, que roban sus pertenencias a los usuarios, como lo saben también los jefes de las Policías Vial y Preventiva Municipal, que el crimen organizado está diversificando su participación en el abanico delictivo: venta de droga, asesinatos, cobro de “derecho” de piso al comercio establecido y ambulante y ahora también se cree “controlan” a los que asaltan a los clientes en los supermercados y tiendas departamentales, como en el caso de Walmart de Icacos, en donde frecuentemente hay robos de bolsos y carteras, algunas veces cuando hacen fila para pagar en las cajas.

En Walmart Icacos, como en todas las sucursales de esa trasnacional, hay docenas de cámaras de video y un número también indeterminado de vigilantes. Estos son eficaces cuando un cliente intenta robar un producto, pero ineficaces cuando el cliente es despojado de su dinero por los ladrones, lo que nos invita a “pensar mal”: el crimen organizado, formado por cientos de octópodos pulpos, ya se instaló también en los supermercados y en las tiendas departamentales. No hay semana que no sepamos de uno y más robos en el interior de esas negociaciones, pero nunca de la aprehensión de un ladrón.