Una República representativa, democrática y federal

A poco más de un mes del triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador (AMLO)  y del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), la pregunta aún sin respuesta es si el partido que será gobierno federal a partir del próximo 1 de diciembre y mayoría en el Congreso de la Unión el 1 de septiembre, encabezará cuatro gobiernos estatales, una jefatura de gobierno, será mayoría en  11 de los 17 congresos estatales recién electos (incluyendo al de la Ciudad de México) y gobierno municipal en ciudades de mucha importancia social, política y económica (entre estas últimas, Acapulco, con la abogada Adela Román Ocampo a la cabeza) logra impedir el establecimiento de un estado de hostilidad entre los diversos grupos políticos  que lo integran y se asume como un partido gobernante en una República representativa, democrática y federal, como según el Artículo 40 de nuestra Carta Magna es voluntad del pueblo mexicano el constituirse.

El futuro presidente de México es la única figura política de su partido. AMLO fue un fenómeno electoral que muy difícilmente se repetirá. Un “maremoto” que arrasó en las 155 mil casillas instaladas por el INE el pasado 1 de julio. Un fenómeno electoral, algo extraordinario y sorprendente,

Pero fuera de él, no hay un político en Morena con la valía suficiente como para repetir ese fenómeno electoral ni siquiera a mediano plazo. Construirlo, no es cuestión de un sexenio. A AMLO le llevó doce años para ser un triunfador electoral indiscutible. Por lo tanto, las elecciones de 2024, serán más disputadas.

Por lo anterior, es de importancia vital para Morena el que sus gobernantes (en los tres niveles de gobierno) busquen el fortalecimiento de la democracia y el apuntalamiento del federalismo.

El respeto irrestricto, es decir, ilimitado,  a la división de poderes, sería un considerable avance en un sistema político urgido de puntales que lo sostengan.

El voto que llevó al gobierno a Andrés Manuel López Obrador y a ese singular y excepcional partido, así lo exige. Empero, el maremoto líneas arriba mencionado no se generó únicamente con el voto de la militancia morenista. Tuvo como motor principal a una sociedad civil fastidiada por la creciente corrupción entre los políticos, irritada por la obsecuencia de los legisladores para con el Ejecutivo, sumisión que avergüenza a la sociedad y reduce y desgasta a la fuerza del Estado Mexicano.

Por ello, al leer este columnista dos notas publicadas en el diario El Universal (on line) encontró el tema que buscaba para este Hontanar.

El diputado federal electo Pablo Gómez, posible coordinador de la diputación federal morenista contestó a la pregunta del reportero:

 “¿Si hay alguna iniciativa que no les guste del Ejecutivo lo dirán?”,

Respondió:

“Lo diremos y lo cambiaremos, negociaremos con el ejecutivo como se hace en el mundo entero”.

La diputada electa por Morena, Ernestina Godoy, próxima coordinadora parlamentaria del primer Congreso de la Ciudad de México, declaró que no habrá reducción del salario (dieta), ni se les descontará a los congresistas ningún tipo de “donación”, como lo desearía – no lo ha dicho aún- Andrés Manuel López Obrador.

Ambas declaraciones despiertan una esperanza de que  paulatinamente se irá terminando esa sumisión de los legisladores que tanto afecta al  federalismo mexicano. El Poder Legislativo es un Par de los poderes Ejecutivo y Judicial. Cuando realmente haya respeto entre los tres podremos afirmar con orgullo que la nuestra es una República representativa, democrática y federal.