AMLO y la democracia

El presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, en su reciente ensayo nada democrático de consulta popular, logró la cancelación de las obras del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México y la autorización por parte “del pueblo sabio” de la adaptación del puerto aéreo militar de Santa Lucía a comercial, en contra de la opinión de los organismos internacionales que norman la seguridad de la aeronáutica civil.

La consulta no tiene ninguna validez legal y moral. Fue una simulación, tal como se ha comentado en los medios formales de comunicación y en las emergentes redes sociales.

Empero, a AMLO parece no importarle mucho la opinión de la ciudadanía ajena al movimiento popular que lo llevó al triunfo electoral. Sus decisiones parecen ser dogmas, es decir sus seguidores estarían obligados a acatarlas, y quien no lo hiciese así pertenecería a “la mafia del poder”.

De seguir así, Andrés Manuel López Obrador estaría en riesgo de ser comparado con los autócratas que gobiernan algunos países al sur del Suchiate, que de la izquierda democrática pasaron al gobierno fascistizante, reeligiéndose  una y otra vez en comicios supuestamente constitucionales.

Lamentablemente la economía del país ya lo está resintiendo. Ayer el Peso registró una mínima depreciación que sería paulatina si persiste la desconfianza en los mercados internacionales.

Tenemos confianza en que el presidente electo se asuma como democrático. El hecho de que tenga mayoría en el Congreso no le dará la libertad de gobernar como él unilateralmente lo decida. Pocos dudan de su honestidad, pero el  hecho de que llegará a la presidencia de la República por la solidez de nuestra democracia, debe ser garantía de que buscará el equilibrio de todas las fuerzas políticas y sociales.

Grande es su compromiso con el pueblo mexicano, como inmensa la esperanza de que será un gran presidente.

Ojalá no nos defraude.