A la vuelta de la esquina

Un poco antes de la medianoche, el partido Republicano había retenido la mayoría en la Cámara de Senadores, pero el Demócrata le arrebataba la supremacía en la Cámara de Representantes, en unas elecciones (“supermartes”, le dicen los vecinos del norte) en donde el inefable presidente de Estados Unidos, Donald Trump, logró un empate, y da un paso importantísimo para su reelección dentro de dos años.

La estrategia electoral del gringo locuaz se volvió a centrar en su nacionalismo racista y fascistizante, traza que lo llevó al triunfo en las elecciones presidenciales sobre la entonces favorita Hillary Clinton y que ahora le dio una victoria a medias, cuasi pírrica, pues serán los representantes (el equivalente a nuestros diputados federales) mayoritariamente demócratas a quienes les corresponderá  la autorización de los presupuestos extraordinarios que solicite, entre ellos, el del tan controvertido muro fronterizo.

Trump se verá obligado a negociar con la mayoría demócrata los fondos para la construcción de la muralla fronteriza, como lo deberá hacer en lo que atañe al tratado de libre comercio entre su país, México y Canadá, y como es evidente no es precisamente un buen negociador.

El nacionalismo trumpiano es una copia del europeo que le dio el triunfo electoral a los actuales gobernantes de Italia, Francia, Polonia, Austria y Suecia: cerrar las fronteras a los africanos y medio orientales que intentaban llegar a esos países para establecerse, en un acto de lesa humanidad, pues implicó la deportación y el traslado forzoso de quienes lograron llegar.

Las caravanas de centroamericanos que desde México intentan pasar a Estados Unidos, tildados por Donald Trump como “criminales”, despertó el racismo de un sector del electorado, y sin duda alguna se reflejó en la conservación de la mayoría republicana en el senado.

¿Cómo se resolverá el problema? Estados Unidos impedirá que crucen la frontera, y para ello está enviando 5 mil efectivos del ejército, pero ¿qué hará México? Andrés Manuel López Obrador, el presidente electo, seguramente les permitirá permanecer en México, pues la empatía con Trump, también populista y anti neoliberal como el tabasqueño, tiende deleznables puentes de entendimiento que caerán por la volubilidad del gringo locuaz de la Casa Blanca.

Las elecciones de ayer fueron de una gran importancia, no sólo para Estados Unidos, lo fueron también para México…y para el mundo entero, que estuvo en vilo. Dicha inquietud y zozobra se debe a que el presidente de Estados Unidos no es una persona confiable. Sus cambios de opinión, de una intermitencia preocupante, ponen en riesgo la paz mundial.

El riesgo de que se reelija está a la vuelta de la esquina. Debemos empezar a preocuparnos.