¡Que sea por México!

Solamente quienes no quieren a México desean que Andrés Manuel López Obrador fracase como presidente de la República.

El tabasqueño, como todos los que han gobernado al país, no tiene derecho a fallarle al electorado que lo llevó a la presidencia, y él, que fue candidato en tres ocasiones, que se dijo la primera ocasión que lo fue, víctima de un fraude electoral y la segunda de una elección inequitativa, está obligado a ser el mejor de los presidentes. De fracasar AMLO la democracia en México retrocedería, y volveríamos a padecer devaluaciones, inflación, desempleo y otros males más.

Por lo anterior, está obligado a ser, si es posible, el mejor de los presidentes, y si lo que él llama “la cuarta transformación” es el camino para lograrlo, bienvenida sea. Empero, debe gobernar para todos, sin importarle los partidos políticos.

Debe ser el presidente de todos, ricos, clase media y pobres, y dejar atrás conceptos discriminatorios y de lucha de clases, pues todos somos mexicanos, y el objetivo común es el progreso para abatir de una vez la miseria de millones de mexicanos, y recuperar la paz social.

No más “fifís”, no más “chairos”; debemos buscar la unidad nacional.

Las elecciones presidenciales pasadas, mostraron que la democracia mexicana es un hecho. Volver a los tiempos en que un partido era un plataforma electoral “de carro completo”, como pretenden algunos conspicuos militantes de Morena, nos haría mucho daño.
Andrés Manuel debe estar consciente de ello.

Sus años de campaña política permanente le dieron una visibilidad privilegiada, digamos panóptica, y una sensibilidad extraordinaria.
Es tiempo de que haga uso de esa experiencia.

Por ejemplo, tomar las decisiones que más beneficien al país, sin importar que los proyectos surgieran de gobiernos priistas o panistas.

Recomponer las estrategias de campaña para trasladarlas a niveles de buen gobierno; por ejemplo, la controvertida decisión de cancelar las obras del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, que tendrá un costo político y económico muy elevado para el país, pues no se gobierna al capricho y con resentimientos, y sí con alteza de miras y anteponiendo el interés de la nación.

Son muchos los problemas que AMLO tendrá que solucionar, entonces, ¿para que buscar otros más?

Esperemos la recomposición que se sustente en la unidad nacional. Los mexicanos lo merecemos.

No tiene derecho a fallar. Está obligado a triunfar. ¡Que sea por México!