Soñar no cuesta nada

La inseguridad, que aleja al turismo extranjero de las playas guerrerenses, no tiene para cuando acabar, y lamentablemente está afectando también a Taxco, la hermosa ciudad colonial del norte del estado, y se extiende como mancha maligna a todas las regiones guerrerenses.

Tierra Caliente, La Montaña y Centro están siendo controladas por el crimen organizado. Chilapa, la otrora Atenas de Guerrero, es uno de los municipios en donde más criminalidad se registra, y vivir allí es un castigo inmerecido.

Poco están haciendo los tres niveles de gobierno para remediar tal estado de cosas que causa un dolor físico y moral en los guerrerenses.

Andrés Manuel López Obrador, el presidente de la República, muestra una preocupante lentitud para actuar: la Guardia Nacional, según se ha anunciado, iniciará operaciones hasta agosto, mientras la Gendarmería disminuirá sus elementos en el estado.

Claro está, el presidente actuará, como es su obligación. Ya habrá de acelerar el paso.

Cierto es que el Ejército, la Marina y las policías estatales y municipales mantienen su patrullaje en las principales ciudades de la entidad, empero, el índice de criminalidad, en lugar de ir a la baja, como todos queremos, va en aumento, lo que es preocupante.

En el caso de Acapulco, el centro turístico más importante de Guerrero, y que no hace mucho era el preferido del turismo extranjero, es urgente que se disponga un plan para relanzarlo como un destino de playa internacional, pero el primer paso tiene que ser la restauración de la seguridad pública.

El plan debe ser tutelado por el gobierno federal, y el objetivo principal debe ser el recuperar la afluencia del turismo internacional, pero tal parece que las autoridades locales y federales se conforman con el turismo nacional, que se ha mostrado fiel con Acapulco, como se observa en este fin de semana largo, con una ocupación hotelera que rebasa el 70%.

Guerrero merece “ser mano” en los proyectos federales, tanto por ser Acapulco el primero de los destinos de playa del país, como por el enorme y hermoso pasado del sur del país durante la colonia y el México independiente.

Pero repetimos: para que esto sea posible, se debe dar seguridad tanto a sus habitantes como a sus visitantes.

Después, volver a promover a Acapulco, Ixtapa-Zihuatanejo y Taxco, en el extranjero, y eso implica una inversión económica que el gobierno del estado y los ayuntamientos del llamado “Triángulo del Sol” no pueden sufragar por completo, pero sí parcialmente.

Tendrían que ser la Secretaría Federal de Turismo y la iniciativa privada los principales coadyuvantes.

Soñar no cuesta nada.