Esplendor y bonanza

Las bandas del crimen organizado “se llevan pesado”, como dicen los medios de información que dijo el gobernador Héctor Astudillo. Pelean a muerte las llamadas “plazas” ante la impotencia de las fuerzas del orden gubernamental, convirtiendo las siete regiones guerrerenses en territorios sin ley, como muestra de la descomposición social en que se debate (entre la vida y la muerte) el pueblo mexicano.

La reciente explosión de “un coche bomba” en el poblado acapulqueño de Xaltianguis, distante unos cincuenta kilómetros de la cabecera municipal, se podría catalogar como un acto terrorista, lo que obligaría al gobierno en sus tres niveles a reiniciar el combate al crimen organizado, pues de no hacerlo, se acrecentarían los niveles de inseguridad, sobre todo en Acapulco, otrora  el principal centro turístico del país.

El proceso de la descomposición social es negado por el gobierno, pero es una realidad. Tratar de ocultarlo es como intentar tapar al sol con un dedo. Lo vemos cotidianamente, y como ejemplo vergonzoso,  las agresiones a los cuerpos policiacos y a miembros de las fuerzas armadas por supuestos delincuentes, que tienen orden de no contestar los ataques. Guardar el orden público no es reprimir. Permitir que los supuestos delincuentes insulten y agredan a los agentes policiacos y a los elementos del Ejército y la Marina Armada es un populismo que pone en riesgo la fortaleza del Estado Mexicano.

En Guerrero, los bloqueos en la autopista y carreteras estatales y en las principales vías de Chilpancingo y Acapulco, son cosa de todos los días. El orden y la gobernanza no existen en esta entidad suriana. Se gobierna en la posposición permanente y en una simulación que ofende.

A unos días de que inicie el Tianguis Turístico, los maestros sindicalizados amenazan con bloqueos. Es de esperarse que la capacidad de negociación gubernamental y sindical salve a Acapulco de esos actos ilegales que tanto afectarían el desarrollo de ese suceso tan importante.

El Tianguis, que nació en Acapulco como sede permanente en el sexenio que presidió Luis Echeverría Álvarez,  que en el gobierno del panista Felipe Calderón Hinojosa se llevó injustamente a otros centros turísticos y que volvió como sede intermitente en el gobierno de Enrique Peña Nieto, es de gran importancia para la recuperación de Acapulco.

Las fuerzas del orden deben impedir que el crimen organizado y el sindicalismo subversivo hagan de las suyas, y que este Tianguis acapulqueño supere por mucho al anterior.

Sería un gran paso para volver al pasado de esplendor y bonanza que no hace mucho disfrutamos.