Adela y el surrealismo social

Acapulco pasa por una crisis que lamentablemente no tiene para cuándo acabar. El catastrofismo es una exageración con fines aviesos, el realismo pretende expresar fielmente el estado de cosas. Empero, cuando un gobernante intenta sobrepasar lo real impulsando lo irracional y onírico mediante la expresión automática  del pensamiento o del subconsciente se llega al surrealismo social. Tal parece ser el caso de la alcaldesa de Acapulco, quien ha declarado que en los meses que lleva su gestión ha disminuido la delincuencia en el municipio.

La realidad desmiente a la licenciada Adela Román Ocampo: diariamente el crimen, organizado o desorganizado, asesina, asalta, cobra cuotas a los empresarios y comerciantes y etcétera.

El realismo es el primer paso para resolver los problemas, la responsabilidad es el soporte de un gobierno decidido a cumplirle a los gobernados y si algo afecta al desarrollo político y social, es intentar escudarse con la mentira.

Adela Román Ocampo tiene que volver a la realidad, si es que en verdad quiere a Acapulco. Quienes observamos sus actividades sin la pasión partidista, no estamos conformes con su forma de gobernar.

Incluso, en su partido (Morena), hay manifestaciones contrarias a la alcaldesa, como es el caso de algunos de los regidores morenistas que han votado en el cabildo en contra teniendo doña Adela obligada a negociar con los ediles priistas para sacar adelante sus propuestas.

Así las cosas, a corto plazo, la solución a la compleja problemática de Acapulco es imposible.

Esta ciudad y puerto y este municipio se mantendrán en la oscuridad del túnel sin que el resplandor de la salida anime a la esperanza.

Acapulco y los acapulqueños no merecemos este tipo de gobierno.

Reclamamos volver al camino del progreso, de la seguridad social y del crecimiento económico.

¿Puntos negativos? Hay muchos, quizá muchísimos.

Sólo hay que ver con la panóptica de la realidad: asesinatos y una serie de delitos en donde la policía municipal parece estar de lado del crimen organizado; tiraderos de basura por doquier, descargas de aguas negras a la bahía sin que actúe el organismo municipal responsable de evitarlo.

La Plaza Álvarez (el Zócalo) y otras zonas citadinas son mercados insalubres, pero nada hace la alcaldesa para recuperar esos espacios.

Como su jefe político, el presidente Andrés Manuel López Obrador, culpa a los gobernantes que la antecedieron. Pero soslaya la responsabilidad de solucionar los problemas y de superar los males que afectan a la sociedad.