Deporte: reflejo fiel de la corrupción gubernamental

Si frustrar es privar a alguien de lo que esperaba, millones de mexicanos están frustrados por los pobres resultados de los atletas nacionales en las Olimpiadas de Río de Janeiro:

 La Selección de futbol, campeona olímpica hace cuatro años (Londres, 1912), hizo que los aficionados se forjaran ilusiones de refrendar el campeonato, pero no,  fue eliminado por Corea del Sur, y así sucesivamente fueron frustrándose las esperanzas de medallas olímpicas, y si bien le va a la delegación olímpica mexicana, traerá la medalla ya segura de Misael Rodríguez, el boxeador originario del estado de Chihuahua que tuvo que pedir dinero a los transeúntes (el “boteo” tan arraigado en este país tercermundista) para poder viajar a los países sedes de los torneos de box clasificatorios para la justa olímpica que se desarrolla actualmente en la hermosa ex capital de Brasil…y una o dos en clavados, pues al momento de escribir este Hontanar,  Rommel Pacheco estaba por participar en la final de trampolín de tres metros, y  Paola Espinosa está a unas horas de iniciar su participación en la plataforma de 10 metros, así como la ex campeona olímpica María del Rosario Espinosa, en Taekwondo. ¿Obtendrá medalla, o serán agregados a la frustración cuatrienal de los mexicanos?

Como todos sabemos, el deporte en México es el fiel reflejo de la corrupción gubernamental. Hay un Comité Olímpico Mexicano, en manos de la aristocracia del deporte. También el gobierno federal participa con la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade), cuyo presidente, Alfredo Castillo, llegó al cargo gracias a su amistad con el presidente Enrique Peña Nieto, y sin registrar ningún mérito en el deporte y en la promoción de esta actividad.

Castillo es jugador, al parecer mediocre, de pádel, un deporte “inventado” en Acapulco en 1969 por el millonario mexicano Enrique Corcuera, cuya casa en el fraccionamiento Las Brisas no tenía suficiente terreno para una cancha de tenis. Así surgió el pádel, un deporte en  donde los mejores jugadores son los argentinos.

Pues bien, Alfredo Castillo tiene, claro está,  un entrenador argentino, y que es funcionario de la Conade y cobra en la comisión un sueldo elevado, según dicen los columnistas de deportes; y además, Alfredo Castillo, tiene una hermosa novia, Jacqueline Tostado Madrid, quien está en Río de Janeiro como miembro de la delegación mexicana sin ser deportista, y que en la ceremonia de inauguración vistió el uniforme diseñado por Hugo Boss.

En la actualidad el linchamiento de Castillo en los medios es una señal inequívoca del hartazgo de los mexicanos. La frustración secular proveniente del deporte (participamos en las olimpiadas desde el año de 1900) tiene que acabar, y no vemos otra forma que no sea  erradicando la corrupción al interior de las federaciones estatales en las diversas disciplinas deportivas, en el Comité Olímpico Mexicano y en la Conade.

Enrique Peña Nieto, tan urgido de recuperar los espacios perdidos en la aceptación popular, bien podría iniciar la tarea de Heracles de limpiar la porqueriza en que han convertido a los organismos rectores del deporte, para que dentro de cuatro años brillen el oro, la playa y el bronce en los henchidos pechos de nuestros deportistas.

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