Fuerzas Armadas y policía

Ante la ineficiencia de los cuerpos policiacos, un gran sector de la población se debate entre la vida y la muerte. Las estadísticas que registran a los mexicanos víctimas de la violencia corroboran ese doloroso aserto que le da fuerza a los argumento y a las opiniones aducidas por quienes sostenemos que las Fuerzas Armadas deben seguir combatiendo al crimen organizado, mientras sea necesario.

Eficiencia es la capacidad de disponer de alguien o de algo para conseguir un efecto determinado. El “efecto” es la seguridad y “el alguien o de algo” son los cuerpo policiacos. Por la ineficiencia descubierta, patente y clara de estos, el poder presidencial ordenó al Ejército y a la Marina Armada, dejaran los cuarteles y las bases navales para auxiliar a las policías incapaces de combatir el crimen, ya sea por su naturaleza o por decisión de su voluntad.

Tratando de ser explícito, abundaremos: la “naturaleza” de muchos de los policías del país proviene del pacto ilícito contraído con la delincuencia, pues llegan a las corporaciones con el sólo interés de medrar económicamente, lo que los convierte en delincuentes. La “decisión de su voluntad” es la abstención del cumplimiento de sus obligaciones, ya sea por temor al crimen organizado o por instrucciones de sus superiores. En las dos vertientes corren aguas de corrupción. Ergo, los cuerpos policiacos en nuestro país, son corruptos.

Y en estas policías agreguemos a la Policía Federal y a su nada bizarra Gendarmería, pues si estos actuaran con eficiencia, las Fuerzas Armadas no tendrían que apoyar a los estados y los municipios en el combate al crimen organizado.

La Gendarmería, conformada con jóvenes egresados de una academia, y algunos con estudios universitarios, ha sido el gran fracaso de los dos últimos presidentes de la República; y la Policía Federal, con agentes no tan preparados académicamente, pero veteranos en la brega y con costurones que manifiestan su experiencia, ha sido el fracaso del actual secretario de Gobernación, Miguel Osorio Chong, jefe del Gabinete de Seguridad.

La Ley de Seguridad Interior, que exigen los comandantes de las Fuerzas Armadas para proteger sus funciones de seguridad pública, según se anunció ayer, será sometida a foros de consulta con la participación de la sociedad civil, especialistas, académicos y militares.

Las cámaras de senadores y de diputados tendrán un periodo extraordinario en la segunda quincena de enero para procesar de manera conjunta dicha legislación.

Las Fuerzas Armadas, con esa seguridad exigida con vehemencia por el secretario de la Defensa, Salvador Cienfuegos Zepeda, seguirá en las calles combatiendo al crimen organizado, pero ya con la fuerza moral de actuar dentro del marco constitucional.

Mientras tanto,  el gobierno federal, los gobiernos estatales y los municipales, deben formar buenos policías, renovados moralmente, para que en un plazo no muy lejano las Fuerzas Armadas dejen de avocarse en funciones, que de origen, no les compete.